sábado, 15 de abril de 2017

Antoni Gaudí i Cornet...



Hijo de un modesto calderero, vivió una infancia enfermiza en la que padeció frecuentes dolores reumáticos, los que, en muchas ocasiones, le impidieron realizar algo tan normal como era jugar con los otros niños. Estas molestias físicas le acompañaron el resto de sus días. El lugar de su nacimiento se lo disputan Riudoms y Reus, poblaciones muy próximas entre sí en la provincia de Tarragona, si bien la mayoría de sus biógrafos afirman que fue en Reus.

Se trasladó a Barcelona, a los 17 años, con la intención de cursar estudios de Arquitectura. Por falta de recursos económicos tuvo que simultanear sus estudios con el trabajo de delineante y proyectista. Esto le permitió trabajar junto a conocidos arquitectos, como Josep Fontseré y Joan Martorell.

Cuando a los 26 años obtuvo el título de Arquitecto, estaba a punto de iniciarse una nueva etapa en la vida de Antoni Gaudí. Mientras esperaba realizar obras de mayor envergadura, llevó a cabo algunos pequeños trabajos de carácter decorativo. Entre ellos diseñó una vitrina para una conocida guantería de Barcelona, Casa Comella, para la Exposición Universal de París de 1878. Eusebi Güell, importante empresario del sector textil, quedó prendado de la modernidad y elegancia de aquella vitrina. Tras conocer al joven autor, se convirtió en el principal cliente y mecenas de Gaudí.

Gaudí no sólo revolucionó la arquitectura, además fue un creador prolífico. Diseñó muebles, mosaicos, elementos decorativos, hierro forjado y cualquier elemento que formara parte de sus construcciones.

Un estilo personalísimo:

Gaudí fue el creador de una nueva arquitectura basada en las líneas curvas. Experimentó estructuras y nuevas formas de una manera continuada. Por este motivo, prefería desarrollar sus ideas a escala y en forma corpórea. La tridimensionalidad de sus maquetas en yeso, barro, tela metálica, o cartón mojado y moldeado, le acompañaron siempre.

Sus ideas "corpóreas", en muchas ocasiones, no fueron sometidas a la limitación que obligan las dos dimensiones del papel de dibujo. A veces modificaba las formas directamente en la obra, en el momento de la realización.

La muerte de Antoni Gaudí:

Nadie podía suponer que aquel anciano que yacía en el suelo, al atardecer del 7 de junio de 1926, tras haber sido arrollado por el tranvía nº 30, en el cruce de la Gran Vía y la calle Bailén de Barcelona, era el famoso Antoni Gaudí.

Al no portar ningún documento, con parte de su sencilla vestimenta sujetada con agujas imperdibles, y un libro de Evangelios como única pertenencia, (¡él, que en su juventud había destacado por su elegancia y por ser un verdadero dandy en el vestir!) fue ingresado en el hospital de la Santa Cruz, como un indigente indocumentado más. Al avanzar la noche y no regresar a su modesto dormitorio, por aquel entonces en un reducido anexo a las obras de La Sagrada Familia, fue buscado por las casas de socorro y hospitales de Barcelona.

Al día siguiente, los más eminentes médicos comprobaron la gravedad de las lesiones sufridas por el renombrado arquitecto. Al publicar la prensa diaria la noticia del atropello, las personalidades más relevantes desfilaron por el hospital: políticos, cardenales, obispos, aristócratas, arquitectos...

Tras su fallecimiento, tres días después del atropello, se formaron largas colas de público para ofrecerle su homenaje y último adiós. Fue enterrado, en olor de multitud en la cripta de La Sagrada Familia.





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