domingo, 5 de febrero de 2017

La pintura registra la historia y la reúne con la fantasía.


Varios autores de la pictórica mundial eligieron el camino de la pintura de historia. Su base es contar algo que nace de la historia en sí y la literatura.

"El Telégrafo" (Primer diario público).
Guayaquil (13/03/2009).

La pintura de historia, o pintura histórica, es un género pictórico que se inspira en escenas con eventos de la historia cristiana, de la historia antigua (mesopotámica, egipcia, griega, romana, …), de la mitología o de los acontecimientos históricos recientes. Igualmente, se incluye en este género la alegoría y aquellos cuadros que toman su narración no de la historia sino de la literatura. Es decir, se le llama ‘histórica’ no porque represente exclusivamente acontecimientos históricos sino porque narra una historia. Así conceptualiza el autor Nadeige Laneyrie-Dagen en el texto Leer la pintura.

Uno de los autores españoles que pintó hechos históricos fue Francisco de Goya. Una de las obras más representativas es "El tres de mayo de 1808 en Madrid" o "Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío".

A la obra se la conoció popularmente como "Los fusilamientos del tres de mayo". El cuadro del pintor aragonés fue realizado entre 1813 y 1814.

En la actualidad se conserva la obra en el Museo del Prado, Madrid, España. En él, Goya intenta plasmar la lucha del pueblo español contra la dominación francesa en el marco del levantamiento del dos de mayo, al inicio de la Guerra de la Independencia Española. La pintura es oscura, muestra imágenes fuertes y crea el arquetipo de horror en la pintura española, que Goya aprovechó en esa época para sus aguafuertes titulados Los desastres de la guerra. También hace un registro de los cambios políticos acaecidos en el siglo XIX en España con "La Alegoría de la villa de Madrid" (1810) . En principio aparecía en el óvalo de la derecha el retrato de José I Bonaparte, y en la composición la figura femenina que representa a Madrid no aparece claramente subordinada al rey, que está algo más al fondo.

Ello reflejaría el orden constitucional, en que el pueblo, la villa, rinde al monarca fidelidad —simbolizada por el perro que a sus pies apunta hacia el rey— pero no se subordina a él.

Vídeo: El Museo del Prado: Historia y desolación.



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