martes, 21 de febrero de 2017

Historia de los picapedreros...



PICAPEDREROS DEL SIGLO XXI.

Manuel Cabrera Espinosa y Juan Antonio López Cordero.


Aunque en nuestros días el oficio de picapedrero ha llegado a estar en vías de extinción sus orígenes son antiquísimos, pues la piedra ha sido trabajada por el hombre casi desde los inicios de su existencia.

Pero fundamentalmente desde que nuestros antepasados decidieron dejar la caza, y con ello el nomadismo, para comenzar a domesticar a los animales, dando lugar a la aparición de los asentamientos fijos y por tanto al sedentarismo. Ya durante el Neolítico llegaron los excedentes alimentarios dando lugar a la llamada “ Revolución urbana" y con ella surgió el auge de la construcción.

En las construcciones el hombre echaba mano de los materiales que tenían a su alcance y que por su composición podían ser más duraderos, entre ellos la piedra ocupó un lugar preponderante. Con la evolución de la construcción los picapedreros o trabajadores de la piedra se fueron especializando llegando a ser una profesión muy considerada, hasta el punto que tanto en la civilización egipcia como en la griega y romana los obreros de las grandes construcciones eran esclavos y sin embargo los canteros o picapedreros eran profesionales libres con una consideración social más que apreciable.

Tampoco debemos de olvidar la importancia de los canteros en la creación de nuestras iglesias y catedrales después de la reconquista. Y el poder que ostentaron desde el siglo XI, primero con sus cofradías y posteriormente con los gremios, creados en defensa de la profesión, a partir de una rígida reglamentación y distinguiendo entre las categorías de aprendices, oficiales y maestros.

Pero creemos que no es necesario recurrir a los famosos canteros que han participado en la construcción de las pirámides o en labrar las piedras de nuestras maravillosas iglesias, catedrales o edificios civiles dejando su firma en cada una de ellas, para encumbrar esta profesión. Como si lo importante, trascendental o significativo sólo lo pudiéramos encontrar en las obras majestuosas.

Estamos convencidos que también han sido fundamentales las pequeñas construcciones en piedra, trabajo que podemos decir que ha llegado a constituir uno de los pilares básicos de la historia humana. Nos estamos refiriendo al inmenso trabajo llevado a cabo por los pedreros sin firma. Aquellos que han llenado con su conocimiento, trasmitido de generación en generación, tanto nuestros campos con sus trabajos de piedra en seco, en su descomunal esfuerzo de humanizar la naturaleza, como su participación en la creación de nuestros pueblos y aldeas a través de la construcción de viviendas que han servido de cobijo y a la vez han sido la forma de expresión de las relaciones sociales de su tiempo y su contexto. Y que en un oficio duro, pero reconocido, han perdurado hasta que la llegada de la técnica y los nuevos materiales de construcción los ha hecho casi desaparecer.

Porque hasta no hace demasiado tiempo la construcción era pura artesanía, incluso podemos decir que era pura manifestación cultural que enclavada en su contexto histórico y social nos habla de la estructura de la sociedad en que se desarrollaba. Nos relata, con la imagen de sus formas, las relaciones sociales, las creencias, las vivencias, en definitiva las formas en que una comunidad vivía, se relacionaba y estaba estructurada.

Y es que no podemos olvidar que tanto el pequeño y redondo chozo de piedra en seco en medio de nuestras sierras de un pastor, como la gran casona rectangular de tres plantas que se asoma a la plaza mayor y a la iglesia de nuestras aldeas, son auténticos libros abiertos que con igual importancia, a pesar de su distinto tamaño, nos muestran las interrelaciones de un grupo humano. Aquellas que les hicieron creer y vivir de una determinada forma, pero también han sido aquellas que han influido para configurar nuestro presente y que influirán en cierta medida en la ordenación de nuestro futuro.

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