lunes, 16 de enero de 2017

O Miguel Ángel contra Bernini. O Renacimiento contra Barroco...




Un mismo tema y diferencias más que evidentes, marcadas por el paso de más de 100 años de historia y desarrollo artístico (las obras datan de 1501 y 1623 respectivamente), y acentuadas por la genialidad de dos de los más grandes artistas de todos los tiempos.

Las diferencias entre ambas figuras se hacen extensibles a las dos corrientes citadas, principalmente en la rama de la escultura, aunque también son aplicables a su ideología en general. Mientras que en la obra de Miguel Ángel apreciamos a un hombre sereno, impasible, diseñado casi a imagen y semejanza de las esculturas de la antigua Roma, la de Bernini rebosa movimiento y sentimiento.

Se observa claramente el gesto de esfuerzo de David ejecutando un movimiento acompasado, en el cual todas las partes del cuerpo se ponen a disposición de la acción que pretende realizar. Se trata de una imagen mucho más realista, un paso más allá en la representación.

Dudo que ninguno de nosotros imaginemos a David en la escena bíblica en la que se enfrenta a Goliat de la forma en que lo representó Miguel Ángel. Cuando uno trata de hacerse a la idea piensa en una persona en pleno esfuerzo, dejándose la piel por salir victoriosa. En una situación así no sé si podría existir un momento de absoluta tranquilidad, como da a entender la figura renacentista, de una belleza y armonía que delatan los principales valores del movimiento.

El Barroco, como contrapunto, se aleja de esta espiritualidad para hacer hincapié en la expresividad, manejando formas menos clásicas, aunque aprendiendo del pasado, cosa que queda patente en esta figura (al igual que en todas las demás) en el inmejorable trato dado a la anatomía.






"Historia de David y Goliat"...


"Salió de entre las filas filisteas un guerrero llamado Goliat que medía alrededor de tres metros de altura. Toda su armadura y sus armas eran de bronce: el casco, la coraza
de escamas que pesaba sesenta kilos, las polainas y la lanza que pesaba siete kilos.

Delante de él marchaba el que llevaba su escudo.

Se detuvo frente a las líneas israelitas y gritó: "¿Por qué habéis salido para poneros en orden de batalla? Yo soy filisteo; vosotros, en cambio, sois los servidores de Saúl. Escoged, pues, un hombre que pueda pelear conmigo. Si es más fuerte que yo y me mata, nosotros seremos vuestros esclavos, pero si yo soy más fuerte y lo mato, entonces vosotros seréis nuestros esclavos y nos serviréis." El filisteo se presentaba cada mañana y cada tarde, y lo hizo por espacio de cuarenta días.

David, hijo de un efrateo de Belén de Judá, que también había escuchado al filisteo, preguntó a los que estaban a su lado: "¿Qué es lo que darán al hombre que mate a ese filisteo y quite la afrenta a Israel? Porque ¿quién es ese filisteo incircunciso que insulta así a los batallones del Dios vivo?" Y la gente dijo: "Si alguien mata a este hombre, que así insulta a Israel, el rey le colmará de riquezas, le dará a su hija por esposa y librará de impuestos a la familia de su padre."

Entonces Saúl lo mandó llamar, le puso su equipo de combate: le dio un casco de bronce y una coraza. Después, David se abrochó el cinturón con la espada por sobre la coraza, pero no pudo andar porque no estaba acostumbrado. Y se deshizo de todas estas cosas. Tomó, en cambio, su bastón, escogió en el río cinco piedras lisas y las colocó en su bolsa de pastor. Luego avanzó hacia el filisteo con la honda en la mano.

El filisteo se acercó más y más a David, precedido por el que llevaba su escudo, y cuando lo vio lo despreció porque era un jovencito.

Cuando el filisteo se lanzó contra David, éste metió rápidamente su mano en la bolsa, sacó una piedra y se la tiró con la honda. La piedra alcanzó al filisteo, hundiéndosele en la frente. Éste cayó de bruces al suelo. David, entonces, corrió y se puso de pie encima de su cuerpo, tomó su espada y lo remató cortándole la cabeza. Los filisteos, al ver muerto a su campeón, huyeron. Así, pues, sin otra arma que su honda y una piedra, David derrotó al filisteo y le quitó la vida." (BIBLIA.- Libro de Samuel. 17, 4-50.







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