viernes, 20 de enero de 2017

La pintura barroca en Flandes: Peter Paul Rubens...



Los Países Bajos, que habían gozado de una cultura común, quedan divididos tras la Reforma en dos territorios con caracteres distintos: Flandes y Holanda, dando lugar durante el siglo XVII a dos modos de pintura totalmente distintos.

Flandes se encuentra bajo el dominio español y a su corte acuden las familias aristocráticas huidas de Francia (por motivo de las guerras entre calvinistas y católicos). En esta corte se multiplican los bailes, los conciertos, las representaciones teatrales: se ama el arte en general y la pintura en particular. A ello se une una expansión de la vida económica, cuyas manifestaciones más claras pueden ser: el crecimiento de la industria, el comercio y el monopolio y los privilegios en las ciudades y la constitución de Amberes como el centro más importante del país.

Finalmente, Flandes se mantiene bajo el dominio católico, como avanzada de la Contrarreforma en su frontera con los protestantes. Por ello, la actividad de las órdenes religiosas es inmensa y los mismos jesuitas adquirirán un auge extraordinario, principalmente en la Universidad de Lovaina, contando entre sus filas y seguidores con personas eminentes en las diversas ramas del saber y de las artes.

El resultado es un arte eminentemente religioso, en grandes lienzos para las iglesias y conventos, con la vida de Cristo, los Santos y la exaltación de los sacramentos. Además, la corte y la nobleza se interesan también por la mitología para la decoración de sus palacios y por los retratos que, de forma solemne, manifiestan su poder y prestigio. En este ambiente surge el que será su artista más destacado, Rubens.

Peter Paul Rubens a través de sus cuadros, bocetos, dibujos, tapices y los objetos más preciados de sus colecciones da a conocer su complejo universo creativo, así como su polifacética personalidad.

Alto y de noble porte, tenía las facciones regulares, las mejillas rosadas, el cabello castaño y en los ojos el brillo de una pasión contenida. Su compañía era seductora; su temperamento, afable; su conversación, grata; su ingenio, vivaz y penetrante; su manera de hablar, tranquila y juiciosa, y el tono de su voz, agradable, lo que lo hacía elocuente y persuasivo. De este modo describió el teórico del arte Roger de Piles a Petrus Paulus Rubens (1577-1640), uno de los artistas más geniales de todos los tiempos.

Rico, consciente de su valía, estimado y famoso, Rubens fue, además del indiscutible maestro del barroco flamenco, un apreciado diplomático, un destacado coleccionista de arte y un bibliófilo.

Gracias a su formación como paje durante su juventud y a su conocimiento de varios idiomas, pudo moverse como pez en el agua por las diferentes Cortes europeas, donde siempre lo recibieron con los brazos abiertos.

Una de sus obras principales es la que lleva por título "Las Tres Gracias" (Imagen P.A.U.); en ella representa un grupo de tres mujeres desnudas en el bosque. Inspirado en modelos antiguos de la tradición clásica italiana, por otra parte común en la temática de Rubens. Es una obra tardía del pintor, el cual utilizó trementina para conseguir una mayor fluidez en la consistencia de los colores, experimentando así un ligero cambio en la técnica y pincelada. La mujer que está situada a la derecha del grupo es su segunda mujer, Helena Fourment.




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