viernes, 11 de noviembre de 2016

La Catedral gótica, aspectos relativos a su construcción...


Autor: Javier Blanco Aristín.

Introducción:

La ciudad gótica medieval significa y simboliza la liberación de la misma, de los poderes vigentes en el mundo rural: los señores feudales y los monasterios o abadía, quienes ejercían unos derechos y un poder subsiguiente sobre todos territorios y las personas existentes bajo sus respectivas jurisdicciones.

Las ciudades se ponen preferentemente bajo la protección del rey y éste a su vez las utiliza para controlar o contrapesar el poder de ciertos señores feudales.

Las ciudades se organizan autónomamente. Surgen las universidades y los comerciantes se instalan definitivamente debido a sus ventajas fiscales. Surge la burguesía. Es en este momento cuando se necesitan edificaciones que representen el poder de la ciudad, aprovechando la institución de nuevas diócesis o para dar cobijo a los crecidos cabildos catedralicios con toda la carga litúrgica que esto necesitaban. Es en este ambiente donde nacen las catedrales urbanas.

Las catedrales surgieron como centro espiritual y sociológico de la ciudad medieval, en cuya construcción participaron todos sus miembros, desde el primer patrocinador; el obispo, incluyendo al cabildo y la monarquía, hasta la nobleza, la burguesía y el pueblo llano, que se empeñaron en convertirla en realidad, aunque tal empresa exigiera muchos años, generalmente siglos.

Michelet escribió que la "iglesia era en la Edad Media la morada del pueblo". Al discurrir hacia el interior por sus portadas se alcanzaba la verdad que San Juan había revelado: "Yo soy la puerta, el que por mí entrare se salvará ", y la dicha plena se obtenía en el luminoso interior: "Dios es la luz, con Él no hay oscuridad alguna".

En sus atrios se celebraban reuniones vecinales y actividades mercantiles y en sus plazas, fiestas y numerosas ceremonias religiosas y profanas.

Las catedrales góticas:

Las causas que motivaron la evolución desde el estilo Románico al Gótico, hay que buscarlas fundamentalmente en la honda transformación económica y social que experimentó la Europa de aquella época.

Los reyes, con el fin de aumentar su autoridad sobre los señores feudales, tendieron a crear zonas francas en las encrucijadas de caminos y en los puertos, de modo que pudiese instalarse en ellas una población exenta de servidumbres. Se originó así un pujante desarrollo de la vida burguesa, basada sobre todo en el intercambio de bienes de consumo y, como consecuencia, en la producción de éstos bienes.


Una civilización comercial y artesana, dominada por fuerzas claramente económicas y basada en el equilibrio de la legalidad escrita, e incluso, a veces, en una incipiente democracia, sustituía a la cultura agrícola dominada por las fuerzas mentales de los monasterios y por la fuerza física de los ejércitos feudales.


La nueva arquitectura religiosa gira especialmente alrededor de la catedral, imagen del poder de los obispos, quienes gracias a la burguesía podían eclipsar ya a los monasterios. La arquitectura civil, enmudecida desde tiempos de Carlomagno, creaba los edificios corporativos: El belford, el mercado, la halle, la llontja, la atarazana, la hospedaría, el hospital.

La vida burguesa permitió el acceso a la cultura de otras personas que no fuesen monjes o clérigos. Este enriquecimiento mental del mundo civil vino acompañado de un importante desarrollo económico que creó por primera vez, desde el ocaso de Roma, la figura del cliente.

Los monasterios habían producido para ellos mismos. Ahora cualquiera que estuviese capacitado podía producir para satisfacer la demanda de una clientela variada y libre. Aparecieron así artífices independientes, auténticos hombres de negocios, dedicados a construir, esculpir, pintar, tejer, cincelar para servir a una extensa clientela.

La mentalidad formada en estos factores hacía coincidir racionalismo y realidad. Un optimismo teológico radical era la imagen de este sentimiento que identificaba lo lógico con la verdad, lo físico con lo ideal y, en el fondo, el mundo de la riqueza con el espíritu.

El racionalismo gótico se manifiesta en el geometrismo lineal que minó rápidamente el carácter de la plástica románica, sustituyendo su pasividad, la estática de sus masas constructivas y la visión irreal de sus policromías planas por un arte del nervio, del perfil, de la moldura, de la imposta y de la línea. Elemento este último que no sólo restringe las estructuras para evidenciar un contenido energético, sino que tiende además a liberarse de la masa para bordar en el espacio unas redes lo más puramente lineales posible - en las tracerías , calados, cresterías, frondas, pináculos, agujas y chapiteles- o bien para aislarlas visualmente por medio de la luz, flotando en la oscuridad de unos fondos excavados. Este linealismo no sólo informa la arquitectura y los objetos de carácter constructivo, sino que aparece asimismo en las artes figurativas. Escultores y pintores, como se ve en los álbumes de diseños de Villard de Honnencourt, insertaron sus imágenes de seres vivos en unas redes ideales de líneas geométricas.

Podemos decir que existe ya arquitectura gótica desde el momento en que se impone el alarde técnico constructivo, con sus sistema mecánico articulado, de hacer de apoyo, ojivas, contrafuertes, arbotantes, y pináculos, todo ello en función de un obsesionante búsqueda de la verticalidad. Pronto las naves se elevarán a alturas insospechadas hasta entonces, por encima de los 30 ó 40 metros, por ejemplo en París, Amiens, Beauvais o Palma de Mallorca. Las agujas de Salisbury, Chartres, Friburg y Ulm, algunas de ellas terminadas modernamente pero ya previstas en su tiempo, rebasan de poco o mucho los 100 metros de altura.

La catedral de Amiens, levantada entre 1220 y 1279, con una nave de 133 metros de longitud, 14,50 de anchura y 42 de altura, apeada en pilares cilíndricos con columnillas adosadas, constituye el monumento capital del primer gótico.

La verticalidad impuesta por los Normandos, con sus consecuencias en el desarrollo de los vitrales y del complicado sistema, muy visible, de contrafuertes y arbotantes por encima de unos colaterales muy distintos en altura de la nave central, fue una concepción esencialmente nórdica cuyas características se van atenuadas a medida que se avanza hacia el sur.

Posiblemente, el hecho de que las tierras mediterráneas hubiesen tenido en el período románico una cultura propia mucho más viva y compleja, y asimismo más clásica que las tierras de lengua francesa o inglesa, motivó el doble fenómeno del rápido desarrollo de una alta cultura original, y el conservadurismo del sur, arraigado en el prestigio de los conceptos románicos.





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