miércoles, 30 de noviembre de 2016

El Renacimiento, escultura italiana...



La escultura renacentista se caracteriza por la proporción, la simetría y el canon. Lo importante es la belleza, más que lo que representa, por eso reaparecen los temas mitológicos. Estudia la anatomía a través del desnudo y el retrato. Utiliza materiales nobles como el mármol y el bronce, con los que se alcanza gran perfección.

Amplía los temas, ya que se retrata a individuos, y desaparece el sentido narrativo de la obra. Los protagonistas son el hombre y la naturaleza. No se descuida el relieve, de tres tipos: alto, medio y bajo, que se utilizan en la misma obra para dar sensación de profundidad. Al igual que en las demás obras, el artista abandona el anonimato. Se suelen hacer bustos, figuras de cuerpo entero, motivos funerarios y estatuas ecuestres.

El Quattrocento es la época en la que triunfan el hombre y la naturaleza. Lorenzo Ghiberti es el escultor más importante, realiza “las puertas del baptisterio de Florencia”. En «las puertas del paraíso», que dijera Miguel Ángel, resuelve con originalidad el problema del espacio y la perspectiva, fijando las técnicas clásicas. Otras obras suyas son “San Juan Bautista” y “San Mateo”.

En Florencia trabaja también Donato Niccolo, Donatello, el más grande escultor del momento. Su contribución más importante la realiza en el campo de la figura humana. Evoluciona desde la serenidad hacia un realismo dramático. Representará todos los estados de ánimo. Su “San Jorge” será la primera escultura de tamaño natural desde la antigüedad.

En sus obras utiliza un sistema de relieves planos que consiste en su multiplicación para conseguir el efecto de profundidad. Sus obras emblemáticas son el “David”, “Los cuatro profetas”, “Magdalena” y “Gattamelata”, que es su obra más clásica, un retrato ecuestre que crea un modelo típico.

También son grandes escultores Jacobo della Quercia, Luca della Robbia; Andrea della Robbia; Andrea Verrochio; Antonio Jacobo Pollaiuolo.

En el Cinquecento destaca sobre todas la figura de Miguel Ángel Buonarroti, el gran escultor del Renacimiento, tanto por su técnica como por su fuerte personalidad. Es el prototipo universal del escultor, capaz de plasmar cualquier sentimiento, desde el lirismo al dramatismo, incompatible con la serenidad renacentista. Estudia los problemas de movimiento y composición.

Utiliza grandes bloques de mármol. Exalta por igual la fuerza física y la espiritual. Hace un extraordinario estudio de la anatomía humana, hasta llegar al hiperrealismo. Entre las obras más representativas encontramos: “La piedad” en el Vaticano, el “David” en Florencia, una figura de gran tensión, el “Moisés”, una figura gigantesca y un tanto expresionista plenamente manierista, el “sepulcro de los Medici” y multitud de esculturas inconclusas.

Otros escultores de este periodo son Gian Francesco Rustici y Sansovino.

Las últimas obras de Miguel Ángel pertenecen al manierismo, momento en el que se exageran las actitudes y se llega al colosalismo de las figuras. Otros escultores manieristas son Benvenuto Cellini, Baccio Bandellini, Juan de Bolonia y Leone Leoni.




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