sábado, 26 de noviembre de 2016

El Renacimiento - Arquitectura ( III )...




El oficio aprendido no era por lo común sólo el de la pintura, el de la escultura o el de la arquitectura; sin hacer justicia a los términos de la época, se podría afirmar que el joven aprendiz lo que quería conocer era el secreto de las artes, el de conseguir pintar o esculpir la figura humana y el de crear espacios, fuesen éstos los de la casa de Dios o los que tenían que mostrar el poder de lo humano.

Por ello no era extraño que un mismo artista pudiera decorar una silla de montar, un estandarte, fundir un bronce, pintar una pala de altar o trazar la planta de una iglesia. Las artes en realidad eran una capacidad creativa que confluía por lo general en una obra arquitectónica en la cual se integraban las distintas manifestaciones de lo artístico. Eso daba a la arquitectura cierta nobleza y al ar¬quitecto una mayor consideración social, si bien, como se ha dicho, el arquitecto también era práctico en otros trabajos artísticos; escultores fueron Brunelleschi, Michelozzo, Filarete, Bernardo Rosellino, Pietro Lombardo; trabajadores de la madera como Antonio de Sangallo, Giuliano de Sangallo y Benedetto da Maiano llegaron a levantar bellos edificios, igual que lo hicieron pintores como Bramante y Rafael, por no citar verdaderos humanistas con una visión integral del arte como lo fue Alberti. Y de éste es de quien se puede extraer la más lúcida definición de arquitecto renacentista: “Un arquitecto -afirmaba Alberti en su De re aedificatoria (1443-1445)- no es un carpintero o un ebanista... el trabajo manual no es más que un instrumento para el arquitecto que, por medio de una habilidad segura y maravillosa y de un método, es capaz de completar su obra... y para poder hacer esto, debe tener un discernimiento perfecto en cuanto a las ciencias más nobles y exactas”.

Este pensamiento sólo podía ser fruto del ideal humanista que se fue gestando en Florencia a lo largo de los últimos siglos medievales y que tuvo su floración a principios del Quattrocento. La arquitectura florentina de esta época es por definición la arquitectura renacentista; de Florencia a partir de la segunda mitad del siglo XV, esta arquitectura se expandirá por los diferentes centros humanistas: Urbino, Milán, Roma, Venecia, Nápoles... y sólo a finales de siglo traspasará las fronteras italianas para afian¬zarse lentamente en otras regiones europeas.


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