lunes, 24 de octubre de 2016

La concha de Santiago...



Todas las peregrinaciones, sin excepción, poseían toda clase de objetos y atributos característicos, recuerdos de las mismas, en muchos casos objetos santos o santificados. A veces eran piedras de los edificios santos, piedras de las tumbas, agua del Jordán, aceite de las lámparas que ardieron ante sus altares, velas quemadas ante la tumba de Cristo, limaduras de hierro de las cadenas de San Pedro, etc.

La peregrinación a Santiago durante los siglos XI y XII posee enseñas propias, entre las que sobresale el uso de veneras o conchas como gran atributo jacobeo. Son conchas de vieiras del tipo Pectem Maximus L., que se pueden encontrar desde Madeira hasta Noruega. El uso de tal motivo fue tan pródigo en el peregrino jacobeo, que no solo tenía la presumible funcionalidad de ayudarse con ella para beber, sino que formaba parte de su indumentaria decorativa en el traje de romero, en la esclavina, en el sombrero.

La concha es un símbolo sagrado universal, ya sea como objeto ritual que como motivo ornamental. La concha recuerda el útero y especialmente el útero universal que es el contenedor de las Aguas originales y de la esencia de los seres. La misma evoca de manera asombrosa este abismo oscuro de la energía creadora. La concha ha seguido siendo hasta nuestros días un símbolo bautismal vivo: el objeto que sirve para recoger el agua santa y verterla en la frente del nuevo elegido es con frecuencia constituido por una concha metálica.

Vídeo: Peregrino - O Caminho de Santiago de Compostela



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