sábado, 16 de abril de 2016

"Las Señoritas d'Avignon"...


En 1907, después de unos cuantos meses de estudios, Picasso dio a conocer “Las Señoritas de Aviñón” a sus amigos más próximos. Las reacciones fueron diversas, pero sobre todo destacó la sorpresa frente a una obra de arte que rompía con toda la tradición pictórica anterior.

Las convenciones que tanto se habían desarrollado en la historia del arte desde el Renacimiento eran totalmente transgredidas aquí. Aun cuando la obra no se puede considerar cubista, Picasso desplegó en ella muchos de los aspectos que formarían la base de este nuevo movimiento, como por ejemplo: la descomposición del espacio y las formas pictóricas, la inspiración en el arte primitivo y la combinación de diferentes puntos de vista en una sola figura.

Una temática discutida:

Cómo era costumbre en el artista malagueño, Picasso realizó una serie de bocetos antes de trabajar de lleno en la obra final. En el caso de “Las Señoritas de Aviñón” realizó más de 800 estudios preparatorios, que incluían dibujos detallados de cada personaje, sus cabezas, cuerpos, etc.

Hay dos bocetos que llaman especialmente la atención y nos demuestran cómo Picasso cambió su idea inicial, haciendo que la pintura adquiriera un sentido más confuso. En el primer boceto (imagen nº 1)observamos como hay siete protagonistas, cinco mujeres y dos hombres. La distribución de las mujeres desnudas, así como la presencia de los hombres, sugerían que se trataba de una escena de burdel. Pero en el segundo boceto (imagen nº 2), muy próximo al cuadro final, desaparecen las figuras masculinas, y la posición de las “señoritas” es algo diferente.

Este cambio significativo ha

provocado que la temática haya sido fuente de discusión en muchas ocasiones, como también el tratamiento tan radical que Picasso le da al desnudo femenino, muy diferente al tradicional, tanto por las formas como por el espacio donde se enmarca.
Si tenemos en cuenta que Aviñón era una calle de Barcelona dónde había varios burdeles, entonces se intuye que la escena representa un prostíbulo, aunque los hombres no están presentes. Además, el bodegón de frutas que hay a en la parte inferior del cuadro se ha interpretado muchas veces como símbolo de la
sexualidad femenina.


En cualquier caso, esta obra nos presenta a un quinteto de mujeres que miran sin disimular a un espectador sorprendido.

Espacio y forma: influencias y novedades:

Picasso decía que se debe representar aquello que se sabe de las figuras, no aquello que se ve. La descomposición y esquematización de los cuerpos y del espacio que los rodea se debe principalmente a un deseo de expresar la idea última que hay en ellos. Aquello que importa en esta nueva manera de pintar es el concepto, no la percepción.

Por esto, las figuras se despersonalizan, se deforman, y el espacio también. Ya no hay perspectiva, el fondo es completamente plano y fragmentado, los colores no se corresponden con la realidad (como se observa en los cuerpos). De esta manera, Picasso, muy influenciado por el postimpresionista Cézanne, sintetiza la realidad en estructuras geométricas; la anécdota no se representa, puesto que ocultaría la esencia de aquello representado.

El artista introduce, además, una novedad que será esencial en el Cubismo posterior, y que fue revolucionaria en la composición pictórica. Si nos fijamos en la figura asentada a la derecha, podemos ver cómo está en una postura imposible: el cuerpo de espaldas al espectador y la cabeza girada completamente de frente. Igualmente, los rostros de todas ellas se representan de frente y de perfil a la vez, como si viéramos a la persona en dos posiciones simultáneamente. Con esto conseguía representar múltiples puntos de vista en una misma figura y darle cierta profundidad a un espacio completamente plano.

También es muy significativa la influencia del arte primitivo en los aspectos formales del cuadro. En la cabeza de las dos mujeres de la derecha es donde se aprecia con más claridad. Sólo debemos fijarnos en el colorido tachado de los rostros, la forma de las cabezas y la simplificación de los rasgos, que deforman completamente la cara de estas dos mujeres. Las otras tres también tienen elementos cogidos del arte de diferentes culturas antiguas, como la egipcia (se observa en la posición lateral de la primera figura), o la íbera (el rostro y torso de las otras dos).

Pablo Picasso:

Picasso inauguró con esta obra una nueva manera de concebir la pintura. En ella realizó transformaciones

revolucionarias que provocarían el nacimiento de una nueva estética de vanguardia: el Cubismo. Aun cuando en un principio fue objeto de duras críticas, con el tiempo se acabó definiendo como la primera obra cumbre del siglo XX.



¿Sabías que...?
No fue expuesta por primera vez hasta el 1916, nueve años después de ser pintada.

Picasso no le puso el título a la obra. Se cree que fue su amigo Apollinaire quien la llamó en un primer momento “El burdel filosófico”. Finalmente, André Salmon le dio el título definitivo, en referencia a la calle Aviñón de Barcelona (confundido muchas veces con el famoso Avignon francés, por su similitud fonética).

El propio Picasso coleccionaba esculturas africanas, e incluso creaba máscaras que seguían los modelos primitivos.


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