lunes, 2 de agosto de 2010

El Jorobado de Notre Dame...


“Nuestra señora de París” (1830), es otra muestra elocuente de las preferencias de Víctor Hugo por lo histórico pero en una atmósfera adornada con matices histriónicos. En ella describe con muchos detalles cómo era la capital francesa durante el siglo XV. Es una de sus obras más conocidas y contribuyó en sumo grado a catapultarlo a una fama que nunca más lo abandonó.

El nombre genérico con el que se conoce a esta novela es: “El jorobado de Notre Dame”. Se trata de la triste historia de la vida de un pobre hombre feo y deformado llamado Cuasimodo, que de niño fue abandonado sin que se sepa a ciencia cierta por qué. Mas no es difícil elucubrar que probablemente el motivo fue su terrible fealdad física que asustaba a más de alguno.

El pequeño es recogido y criado por el arzobispo Claude Frollo, quien lo lleva a vivir en las tinieblas oscuras de una catedral siniestra y bajo su malvada tutela. Su “protector” le asigna el trabajo de campanero y a cambio le pide su obediencia incondicional. Solamente existe una persona en el mundo que siente algo de cariño por el atormentado Cuasimodo.

Esmeralda, una gitana muy hermosa, es el único ser que demuestra compasión, cuando Cuasimodo es públicamente humillado de manera brutal e inhumana, mediante un severo castigo en el que se lo azota hasta dejarlo exánime. La bella Esmeralda es deseada por el desalmado sacerdote bajo cuyo alero se desenvuelve la existencia del desgraciado Cuasimodo, aunque este amor simplemente no es correspondido. Ella tiene un pretendiente con más posibilidades de conquistarla, un capitán del ejército real, quien es cruelmente apuñalado por el prelado Frollo en un furibundo y violento arrebato de celos.

El asesino huye y la chica es injustamente acusada de brujería, a consecuencia de lo cual se la sentencia a morir ahorcada. Logra evitar su ejecución gracias a la intervención oportuna de un agradecido Cuasimodo, quien la esconde en los sobrecogedores recovecos de la tenebrosa catedral.

La persecución y el acoso de un obsesionado Frollo no cede y éste pone a Esmeralda entre la espada y la pared con el ofrecimiento de salvarle la vida, siempre y cuando se someta a sus nada honestas aspiraciones amorosas. Ella lo rechaza llena de asco, lo cual deja la vía libre para que Frollo la entregue a unos verdugos sedientos de sangre.

Tras realizar tan execrable acto, éste sube a lo alto de la torre de Notre Dame, para seguir desde allí los pormenores de la ejecución de Esmeralda. Lo que no sabe el ilustre obispo, es que Cuasimodo lo empujará al vacío y a la muerte.

El desenlace es trágico: el desdichado campanero pone fin a su vida junto a los restos mortales de la chica. Se apagó su existencia material, más no los rasgos de nobleza que siempre afloraron de parte de él.


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