domingo, 8 de abril de 2012

"Esculpir el vacío"...





El cubismo es un arte mental, se desliga del parecido con la naturaleza, la obra de arte tiene valor en sí misma, como medio de expresión de las ideas. Dicha desvinculación se logra a través de la descomposición de la figura en partes mínimas, en planos, que son estudiados en sí mismos y no como una visión global de volumen.

Un objeto puede ser visto desde diferentes puntos de vista, rompiendo la perspectiva convencional y con la línea del contorno. Desaparecen las gradaciones de luz y sombra, no se tienen por qué utilizar los colores de la realidad y las formas que se observan en la realidad de la naturaleza se traducirán en la obra de forma simplificada, en cubos, cilindros, esferas…

Aprovechando dichas aportaciones cubistas, aunque con matices que van desde el expresionismo a la abstracción, dos serán los escultores que van a contribuir a la invención de formas nuevas: el español Pablo Gargallo y el rumano Constantin Brancusi.

Pablo Gargallo en la escultura “El profeta” (1933), obra cumbre de la obra del artista, se refleja perfectamente la preocupación máxima del artista y su concepción escultórica: tratar de “esculpir el vacío”, el hueco, al contrario de lo que sucede en la escultura tradicional donde se trata de dar forma al volumen.La luz se adentra y resbala por la superficie del bloque, se introduce en su interior y crea zonas de claroscuro.

“El profeta” presenta formas que nos recuerdan al cubismo, pero moviéndose dentro del expresionismo en cuanto a la dureza, agresividad y el carácter de la figura.

El artista se inspiró en el rudo y áspero modo de vida del campo aragonés para representar a un hombre, un pastor, gritando amenazante, con una mano levantada en actitud de orador y con la otra sujetando un bastón. Dicho pastor debe interpretarse como una figura en clave bíblica, es “El Profeta”.

Las líneas y los planos conducen hacia la cabeza y la boca, lugares que son el centro expresivo de la figura tanto en su visión frontal como lateral.

Pese a ser la misma figura y tener la misma interpretación general, depende del lugar desde donde se observe para que la figura adquiera para el espectador uno u otro matiz.

Vídeo: Museo Pablo Gargallo.


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