viernes, 12 de febrero de 2010

Imaginería canaria...


Desde el siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XIX, la imaginería es la forma escultórica más característica en Canarias. En el siglo XVI aparecen modestos imagineros que esculpen y policroman sus trabajos. En Las Palmas, Cristóbal Hernández y Diego de Landa, que fueron seguidos por otros en el siglo siguiente, como Agustín Ruiz y Pérez Donis. En Tenerife, el maestro Martín de Andujar trabaja y enseña el difícil arte; había colaborado con los imagineros peninsulares Montañés y Alonso Cano, siguiendo las directrices del Barroco sevillano, sus discípulos Francisco Alonso de la Raya, nacido en La Gomera, y Blas García Ravelo, de Garachico, continuaron la labor emprendida por aquél.

Canarias, desde el siglo XVI, importaba obras para satisfacer la demanda artístico – devocional de la Iglesia canaria; importación que se justificaba al no existir entonces en Canarias ni escuelas artísticas ni tradición cultural que las sustentara. Así tenemos el famoso Cristo de La Laguna, procedente de Sanlúcar del Barrameda y tallado en borne (roble de Flandes). Pero la pieza escultórica de estilo gótico más valiosa que conservan las islas es el Retablo flamenco de San Juan de Telde, obra de la Escuela de Bruselas, fechable a principios del siglo XVI (este retablo está enmarcado en otro retablo barroco del siglo XVIII).

Puede afirmarse que tales obras importadas de Europa, aunque pertenecen al acerbo histórico – artístico del Archipiélago, no representan ningún elemento definitorio de nuestra personalidad cultural; se encuentran en Canarias por imperativos mercantiles y no influyeron, ciertamente, en la trayectoria artística de las islas.

En el siglo XVII el escultor español Martín de Andujar, de paso para América, dejó en Garachico una huella sustancial que se reflejó en sus discípulos canarios, Francisco Alonso de la Raya y Blas García Ravelo. Así, comienza la tradición escultórica canaria.

Rodríguez de la Oliva es, ya en el siglo XVIII, una figura de considerable importancia. Pero en la segunda mitad de este siglo surge la obra de uno de los escultores canarios más importantes de todas las épocas, José Luján Pérez.

También, destacar los retablos. Ricamente tallados y dorados, de las iglesias canarias constituyen los retablos uno de los capítulos más brillantes de nuestra historia del arte. En el barroco (siglos XVII y XVIII) tales obras alcanzan un extraordinario nivel de complejidad formal y de recargamiento decorativo, que contrasta con la proverbial austeridad de los templos en que se albergan.



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