martes, 2 de febrero de 2010

Luis XIV, "El Rey Sol"...


José Manuel Hernández Guzmán (Profesor de Derecho Constitucional).

Martes, 13 de marzo de 2001.

Al comienzo de la velada, Fouquet estaba en la cima del mundo. Cuando la fiesta llegó a su fin, había caído en un abismo. Voltaire, 1694-1778.

Nicolás Fouquet, el ministro de Finanzas de Luis XIV durante los primeros años del reinado de éste, era un hombre generoso, amante de las fiestas opulentas, las mujeres bonitas y la poesía. También amaba el dinero, dado que llevaba un estilo de vida bastante extravagante. Fouquet era muy hábil y, en gran medida, un colaborador indispensable para el rey; por lo tanto, a la muerte del primer ministro Jules Mazarin, en 1661, el ministro de Finanzas esperaba ser designado su sucesor. El rey, en cambio, decidió suprimir ese cargo. Éstas y otras actitudes llevaron a Fouquet a sospechar que estaba cayendo en desgracia y, por lo tanto, decidió congraciarse con el rey organizando la fiesta más espectacular jamás vista. El motivo oficial de la fiesta era celebrar la inauguración del castillo de Fouquet Vaux-le-Vicomte, pero su objetivo real era homenajear al rey, invitado de honor del agasajo.

Los más notables representantes de la nobleza europea y algunas de las mentes más brillantes de la época -La Fontaine, La Rochefoucauld, madame de Sévigné- asistieron a la fiesta. Moliére escribió una obra teatral para la ocasión, en la cual él mismo actuaría, sobre el final de la velada. La fiesta comenzó con una opulenta cena de siete platos, en la que se sirvieron especialidades de Oriente nunca antes probadas en Francia, así como nuevos platos especialmente creados para la ocasión. La cena fue acompañada por música compuesta por expreso encargo de Fouquet en honor al rey.

Al día siguiente, Fouquet fue arrestado por el jefe de los mosqueteros del rey, D'Artagnan. Tres meses más tarde, fue juzgado por desfalco al Tesoro Nacional. (En realidad, la mayor parte de los fondos, de cuyo robo se lo acusó, habían sido sustraídos para la Corona y aprobados por el rey.) Fouquet fue hallado culpable y enviado a la prisión más remota de Francia, en lo alto de Los Pirineos, donde pasó los últimos veinte años de su vida en solitaria reclusión.

Luis XIV, el Rey Sol, era un hombre orgulloso y arrogante que deseaba ser siempre el centro de atención. No soportaba que nadie lo superase en inteligencia, en astucia, en elocuencia y mucho menos ser opacado por su “ministro” de Finanzas.

El sucesor de Fouquet, Jean-Baptiste Colbert, se aseguró que cuanto fondo líquido hubiese en el Tesoro fuese a parar directamente a manos del rey. Con estos dineros, Luis XIV construyó un palacio aún más espléndido que el de Fouquet: el célebre palacio de Versailles. Empleó a los mismos arquitectos, decoradores y paisajistas que construyeron el palacio de su ex ministro de Finanzas. Y en Versailles, Luis XIV celebró fiestas aún más extravagantes que aquella que costó a Fouquet su libertad.

Fouquet en lugar de halagar a Luis XIV con la elaborada fiesta, ofendió la vanidad personal del soberano. Por supuesto, Luis XIV no iba a admitir semejante cosa de modo que encontró en cambio, una excusa conveniente ara librarse del hombre que, sin darse cuenta, lo había hecho sentirse inseguro.

Este es el destino que corren, con sus variantes de personajes forma y tiempo, aquellos que desequilibran la autoestima del cacique, hieren su vanidad o le hacen dudar de su preeminencia. Claro está que cualquier símil o comparación con alguna gracia en esta tierra de gracias es pura casualidad.



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