domingo, 16 de enero de 2011

El Escorial y El Greco...


Felipe II se encargó personalmente de supervisar las obras y equipar el Monasterio de El Escorial. Muchas de las pinturas elegidas por él exaltan los sacramentos más atacados por el protestantismo, como el de la Confesión y el de la Eucaristía; así como también la figura de la Virgen, relegada por los protestantes. En resumen, el Monasterio de El Escorial es un edificio que ejemplifica las aspiraciones del Concilio de Trento, que vino a ser la respuesta católica a la Reforma Protestante.

Vamos a detenernos en una de estas reliquias... la de San Mauricio, que se encuentra separada en uno de los altares principales.

El interés de Felipe II por este santo se basa en que Felipe II era el gran maestre de la orden del Toisón de Oro. Uno de los fines de esta orden era defender la fe, y su “titularidad” estaba en los Habsburgos (los Austrias) españoles.

Felipe II encargó el retablo de la capilla de San Mauricio a El Greco. El cuadro fue entregado en 1583, pero nunca se puso en la capilla a la que estaba destinado, por el contrario se encargó otro cuadro del mismo tema a Romulo Cincinnato, que estaba trabajando en El Escorial desde 1567. Sigüenza, un cronista de la época señalaba:

Cincinnato era poco original, sin embargo su Martirio de San Mauricio era harto alegre y bien tratado … [el rechazo del cuadro del Greco por parte del Rey se debió a que] no le contentó a su Majestad (no es mucho) porque [El Greco] contenta a pocos, aunque dicen que es de mucho arte, y que su autor sabe mucho y se ven cosas excelentes de sus manos”.

Según Osten, en el cuadro de Cincinnato, las ejecuciones se encuentran en primer término de forma drástica y patética A su vez, las lanzas, la espada, la luz, la palma del martirio, el dedo índice etc., establecen unas relaciones que explican bien el martirio y sus consecuencias, sin embargo, hay una falta de claridad en la relación de los hechos. En el cuadro de El Greco, la escena principal representa una idea abstracta, la de una decisión consciente y libre de aceptación del martirio, mientras que las ejecuciones y los movimientos de masas se dan dentro de una cierta lógica realista, pero se sitúan al fondo.

Osten concluye:

“En comparación con el cuadro de Cincinnato, el del Greco era más consecuente y más claro en la composición y en la representación del desarrollo de los hechos. Pero era menos patético, menos evidente, y por tanto no podía satisfacer en la misma medida que el cuadro de Cincinnato la exigencia de un arte didáctico discursivo que inspirara piedad y profundo respeto [por la ética el martirio]…”.




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