lunes, 17 de enero de 2011

"El entierro del Señor de Orgaz" (El Greco)...



"El Entierro del Señor de Orgaz" es un óleo sobre tela de 4,80 x 3,60 metros , pintado entre 1586 y 1588, de estilo Renacentista (manierista), obra de un pintor griego llamado Domenikos Theotokopoulos, conocido por El Greco, que se conserva en la Iglesia de Santo Tomé en Toledo y en él se representa el milagro que en 1323 ocurrió en aquella iglesia cuando se iba a enterrar a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz: en ese momento bajan del cielo San Agustín (con la mitra porque era Obispo) y San Esteban el otro que coge su cuerpo y lo entierran ellos mismos con sus propias manos (asisten también San Francisco con hábito gris y San Benito con hábito negro de monje encapuchado) debido a la fama de piadoso y caritativo que este noble tenía en Toledo tal cual su título indica. Aunque se le ha llamdo Conde Orgaz no era conde; el condado de Orgaz no se constituyo hasta el siglo XVI.

El origen del cuadro es un encargo del párroco de dicha Iglesia a El Greco para con esta pintura recordar de una manera más directa al fiel la necesidad de la caridad para lograr la salvación. El cuadro en sí es una catequésis.

Este gran cuadro es de estilo manierista (estilo artístico difundido por Europa en casi la segunda mitad siglo XVI, caracterizado por la expresividad y la artificiosidad) y está dividido en dos grandes zonas, por un lado en la parte alta se observa una zona celestial en donde aparecen Cristo, la Virgen, ángeles, santos y otros personajes ya fallecidos.

En la parte inferior, la terrenal, se representa un entierro rodeado de personajes, unos eclesiásticos y otros civiles. Ambas zonas tienen una luz diáfana que no procede de un punto concreto ( luz artificial usada a criterio del autor; típico del manierismo), es decir, no se han tenido en cuenta las antorchas pintadas como procedencia de la luz del cuadro, si no, habrían habido contrastes entre luces y sombras en función de la ubicación de las antorchas.

Se podría decir que el Renacimiento es la plasmación a través de la belleza y la explosión de colores (sobre todo en la escuela veneciana: Tintoretto, Tiziano), de los modelos clásicos de acuerdo con la nueva mentalidad del hombre moderno y cristiano que ya no necesita una interpretación eclesiástica de la realidad, el pensamiento y la conciencia. Es un arte que es una recreación del espíritu. Concretamente el Cinquecento se ubica en la ciudad de Roma donde todo el arte es religioso bajo el mecenazgo de los Papas (Julio II, Leon X y Clemente VII).

El Renacimiento de los patrones y modelos (arquitectura, pintura, escultura...) no es un hecho aislado y desvinculado sino que forma parte de los cambios políticos (Monarquía Autoritaria y Estado Moderno), económicos (comienza el Capitalismo), sociales y urbanos (afianzamiento de la burguesía). Se consagra al hombre y la naturaleza (sobre todo en la pintura) combinandolos de forma real y dando volúmen (buena anatomía a los cuerpos humanos).

El Greco concebía este cuadro como una creación de su mente no como "un retrato de lo que debió pasar", es decir, impera su creatividad y no la realidad. Aunque representa un milagro del siglo IV está situado en el Toledo de su época se cree para ganarse la simpatía de la ciudad (se empadronó dos años más tarde) y obtener encargos de cuadros de donde vivir pintando. Es característico de su estilo el alargamiento de las figuras, el horror a los espacios vacíos, el contraste lumínico y el colorido acentuado.

También resaltan lo alargadas que son las figuras humanas (sigue un canon según el cual a la cabeza le corresponde una décima parte de todo el cuerpo) y en sí el cuadro que es mucho más alto que ancho porque El Greco con los manieristas postulaban que el cuerpo humano no puede medirse objetivamente sino que intenta estilizar bellamente las formas alargandolas en muchos de sus cuadros (concretamente las manos estilizadísimas en este, los cuerpos y sobre todo las caras).

Dispone a los personajes y al cuadro en altura y no en la acostumbrada horizontalidad teatral y renunciando a los fondos y escenarios arquitectónicos enormes llenos de pórticos y columnas para lograr profundidad y perspectiva y suprimiendo aludir a tiempo y lugar como también haría en "El Expolio".

Destaca en el cuadro: Los aristócratas asistentes al entierro son caras reales de señores nobles del Toledo de la época.

La cara real del cura que oficia es la del que le encargó este cuadro (totalmente a la derecha con estola).

La de su hijo señalando la escena principal y la de su padre (del pintor) son las únicas caras de todo el cuadro que miran de frente al espectador.

A la vírgen la coloca en el medio de la zona celestial como "medianera" entre la multitud de santos y Jesucrito para apoyar la contrareforma católica contra la herejía protestante que postulaba que la vírgen no tenía un papel medianero entre la humanidad y Dios.

El cuadro tiene forma asemajada a los iconos del arte sacro para indicar el desapego a lo terrenal.Los cuerpos terrenales muy anatómicamente logrados ( muy "miguelangelesco").

Explosión de color para resaltar la zona celestial mientras que en la terrenal predomina el contraste negro/blanco con las escepciones de los ropajes de los seres celestes en zona terrenal (incluido el fallecido porque también va al cielo). Con ello acentúa el dramastismo del cuadro.

En la zona celestial se aprecia la poca frencuencia de la linea sustituída por las pinceladas y formas de color mientras que sobre todo en las caras las lineas definen todo.Un afán por llenar todo el lienzo que hasta da la sensación de apretujarse.

En la actualidad se conserva justo encima de la tumba del Señor de Orgaz en Toledo.





Vídeo: Trailer, "El Greco"

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