miércoles, 8 de diciembre de 2010

Miguel Ángel: las pinturas de la Capilla Sixtina...


RESTAURA.NET (10/05/2008).

(G.Papini, Vida de Miguel Ángel).

El 10 de Mayo de 1508 Miguel Ángel comienza a pintar los frescos de la Capilla Sixtina en el Vaticano.

La capilla es de forma rectangular y mide 40,93 m de longitud por 13,41 de anchura (las dimensiones del Templo de Salomón según el Antiguo Testamento). Su altura es de 20,7 m. Miguel Ángel lo pinto él solo subido en un andamio construido por él mismo.

La bóveda de la Capilla Sixtina estuvo decorada con un cielo raso de estrellas doradas sobre un fondo azul (simbología que se aplicaba al manto de la Virgen y que ya se encuentra en las decoraciones de cielos rasos precristianos egipcios), obra de Pier Matteo d´Amelia, desde su construcción en 1484 hasta la intervención de Miguel Ángel en dicha bóveda, realizada entre 1508 y 1512.

El film “El tormento y el éxtasis” de Carol Reed (1965) se centra en el periodo que comprendió la creación de la Capilla Sixtina, a manos de Miguel Ángel, y la relación entre éste y el Papa Julio II, quién le encargó la obra. Una de las mejores interpretaciones de Charlton Heston, encarnando al artista junto a Rex Harrison, en el papel de Julio II.

Dos personalidades de fuerte carácter que, aunque existía una admiración mutua y amistad entre ellos, chocaban incesantemente.

Sus pinturas debieron ser consensuadas con el pontífice, sometiéndose estas a la aprobación definitiva del papa, que temía fallecer antes de que acabara el trabajo.

De cuando en cuando, entre una audiencia y un consistorio, entre una y otra guerra, Julio II se acordaba de su artista e iba a la capilla Sixtina para ver cómo iba de adelantada la pintura de la bóveda.

Miguel Ángel no podía darle con la puerta en las narices, como había hecho con sus ayudantes florentinos, y por fuerza -era el Papa- había de recibirle y escucharle. “Mientras pintaba -refiere Condivi-, varias veces quiso el Papa Julio ir a ver la obra, subiendo por una escalera de mano, y Miguel Ángel le tendía la mano para ayudarle a subir al andamio.”

El Pontífice se aproximaba a los sesenta años. Condivi añade que Julio “le quiso entrañablemente, haciendo más aprecio de él que de ninguna otra de las personas que le rodeaban“, pero no siempre los coloquios entre aquellas dos almas grandes eran tranquilos y amistosos. El Papa no daba punto de reposo al pintor, porque no veía el momento de mandar descubrir la bóveda: cada visita suya era un reproche; cada palabra un golpe de espuela. Y un día se produjo la explosión:

Queriendo Miguel Ángel, por San Juan, ir a Florencia, pidió dinero al Papa, y, al preguntarle éste cuándo acabaría la capilla, Miguel Ángel, según su costumbre, le contestó: “Cuando pueda.”

El Papa, que tenía unos prontos terribles, le golpeó con un bastón que tenía en la mano, diciendo; “¡Cuándo pueda! ¡Cuándo pueda!” Miguel Ángel, irritado por aquella nueva ofensa, se fue enseguida a casa y se dispuso a partir para Florencia, quizá con la misma intención que la otra vez, es decir, la de no regresar. Pero el Papa, que se acordó a tiempo de la primera fuga y quizá se arrepintió de haber golpeado a Miguel Ángel con un bastón, como si hubiera sido un palafrenero cualquiera, mandó a un favorito suyo, un tal Accursio, que le llevara quinientos ducados y le presentase excusas, de su parte, por aquellos bastonazos tan poco pontificios ni cristianos. Miguel Ángel aceptó el dinero; pero partió de todas maneras hacia Florencia.




Vídeo: Visita privada a la Capilla Sixtina a través de un tour virtual. Con sólo un click se puede visitar una de las capillas más famosas del mundo.



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