sábado, 20 de noviembre de 2010

La arquitectura - Renacimiento ( I )


De las artes de los siglos XV y XVI, la arquitectura es quizá la que reciba de una manera más apropiada el calificativo de renacentista. La pintura, tenida en ocasiones como paradigmática del Renacimiento, apenas pudo contar con referencias clásicas, si no eran las literarias, recogidas por Plinio y, en menor grado, por otros escritores clásicos; la escultura griega era casi del todo desconocida en la época; sólo las copias romanas daban, y aún dan, conocimiento de lo que fue el arte de modelar el barro y de labrar la piedra de la antigua Grecia; la arquitectura, desde siempre, estuvo presente a los ojos de aquellos que quisieron verla.

Los arcos de triunfo, los templos, los anfiteatros, los circos, las termas con sus moles prepotentes, con sus piedras arruinadas por el tiempo o convertidas en cantera de lo cotidiano, fueron durante siglos testigos de un pasado glorioso que los humanistas recuperaron para cimentar un presente de esplendor. (...)

En los siglos XV y XVI, primero en Italia y luego en las demás regiones europeas, la arquitectura cambió porque tuvo que servir a nuevas necesidades, porque los poderes sociales exigieron nuevas maneras de expresión monumental. La sociedad acentuó el proceso de afianzamiento urbano ya iniciado en la época gótica; la arquitectura renacentista, principalmente en el siglo XV, es una arquitectura urbana. Los concejos municipales, la Iglesia, los príncipes, los burgueses convierten la ciudad en instrumento y manifestación de su poder y es entonces cuando se remodelan las casas consistoriales, cuando se concluyen las catedrales, cuando se amplían las viejas iglesias y conventos, cuando los patricios levantan sus palacios, cuando la ciudad toma conciencia de los problemas sanitarios y sur­gen los grandes hospitales.

La arquitectura renacentista hubo de crear nuevas tipologías para servir a las nuevas funciones y lo hizo volviendo los ojos hacia el pasado. La arquitectura se impregnó del ideal humanista pero el estudio de «lo antiguo» no supuso una mimesis.

La arquitectura del Renacimiento no se diferencia únicamente de la gótica por recuperar el vocabulario formal de lo antiguo. Los órdenes, los arcos, las bóvedas, las columnas o las pilastras se refieren al mundo romano, pero no configuran propiamente su lenguaje. Éste es el fruto de las exigencias de las nuevas funciones, de una nueva manera de componer las unidades arquitectónicas, de crear tipologías y también, como es lógico, de una nueva forma de establecer relaciones armónicas entre los elementos constructivos, de concebir el espacio y de crear un nuevo concepto de belleza, el de la belleza unitaria.

En este nuevo concepto de belleza, la perspectiva, en el sentido de ordenar matemáticamente la percepción de las formas en el espacio, también desempeñó un importante papel, como lo desempeñó la reflexión teórica sobre la propia labor.



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