jueves, 28 de octubre de 2010

"Todos los caminos conducen a Santiago"...



Por lo mismo que los peregrinos que vienen de Jerusalén traen las palmas, así los que regresan del Santuario de Santiago traen las conchas. Pues bien, la palma significa el triunfo, la concha significa las obras buenas.

"Todos los caminos conducen a Santiago." Era ésta una frase que solía decirse en la Edad Media, aludiendo a las infinitas rutas que, a través de los Pirineos, llegaban hasta la tumba del apóstol. Los peregrinos, provistos de su atuendo penitencial (el sombrero para protegerse del sol y de la lluvia; la escarcelapara el dinero; la calabaza para el agua; el bordón, como apoyo y defensa; las sandalias para protegerse los pies de las inclemencias del camino y la concha, símbolo de la perigrinación), seguían puntualmente la ruta celeste de la Vía Láctea que les marcaba el camino a Santiago:

"Campus Stellae", Compostela, campo de las estrellas, según una luminosa y poética etimología.

Una piadosa tradición, que se remonta a los primeros siglos del cristianismo, asegura que Santiago predicó el Evangelio en Sefarad (España) antes de sufrir martirio en Jerusalén. No es extraño que un judío realizase el viaje desde Jerusalén hasta la Península Ibérica, ya que varios siglos antes de Cristo muchos israelitas se habían aposentado en esta parte del mundo, donde los fenicios tenían tantas factorías.

En los "Hechos de los Apóstoles“ se relata que, después de la muerte de Jesús, los discípulos se esparcieron por el mundo para p
redicar la venturosa noticia de la redención.

La tradición popular afirma que Mateo fue a Etiopía, Tomás a la India, Judas a Persia, Simón a Roma, Bartolomé a Armenia y Santiago a España.

Pero Santiago volvió a Jerusalén, donde fue vicario de la Iglesia hasta que sufrió martirio en el año 44. Su cuerpo, decapitado, fue recogido por sus discípulos, transportado a España por mar y depositado en Iria Flavia.



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