domingo, 9 de noviembre de 2008

Pintuta Románica...


La pintura románica se realizaba en las paredes y techos de las iglesias con la técnica al fresco (pintar directamente sobre la pared usando el huevo como aglutinante). También encontramos, además de los frescos, frontales de altar y retablos.

La temática es exclusivamente religiosa, santos, apóstoles, vírgenes y escenas de la vida de Jesús. Entre los temas más representados destacan los que salen en el último libro de la Biblia: el Apocalipsis. Esto se debe a la mentalidad de la época, muy influenciada por el fin del primer milenio, con el que asociaba el fin del mundo y el Juicio Final.

Otro tema podía ser el de el Tetramorfos, que representa a los cuatro evangelistas acompañados de sus símbolos, aunque a veces estos símbolos aparecen solos: toro (San Lucas), león (San Marcos), águila (San Juan) y ángel (San Mateo). Este tema iconográfico se seguirá utilizando en el gótico.

Todo está ejecutado con tal simplicidad e ingenuidad que resulta encantador.

Se desconoce la perspectiva y ni tan siquiera se pretende un mínimo acercamiento al realismo. Eso nos da un aire infantil y libre de complicaciones, los personajes suelen aparecer de forma frontal, con ojos enormes y muy abiertos. Su importancia varía según su tamaño (cuanto más grandes, más importantes en jerarquía). Aparecen muy marcados lo contornos en negro y el relleno de color, muy vivo, es uniforme, sin gradación.

No aparece el paisaje, sólo importan los personajes puesto que se pretende ilustrar al fiel para trasmitirle la Biblia mediante las imágenes. La mayoría de la población era analfabeta y únicamente podían recibir los mensajes a través de simples escenas fácilmente comprensibles.
Las anatomías resultan sorprendentes en su simplificación ya que músculos, miembros y pliegues de la vestimenta están tan abocetados y geometrizados que crean una imagen sencilla y atrayente. Nada de sensualidad ni belleza corporal, eso era delicado de representar teniendo en cuenta que el sexo en la época era tabú y fuente de pecado y condenación eterna.

El fondo es liso, por lo que la figura centra toda la atención del artista. El dibujo y los colores planos se yuxtaponen para crear intensos contrastes cromáticos.

Para delinear el contorno de la figura se utilizan líneas gruesas de color negro o rojo, mientras que la forma de los rostros se consigue mediante manchas rojas redondeadas en mejillas, barba y frente.

El espacio se crea por la distribución de las figuras en el espacio. La técnica más utilizada fue la del fresco, lo que requería una cierta preparación del muro: estucado. También se pintó sobre tabla, para poner en los altares. La composición seguía las convenciones del relieve.

Al igual que la escultura, su ubicación en el templo también está esquematizada.



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