martes, 9 de noviembre de 2010

La Baja Edad Media...


Continuando el crecimiento iniciado en el XI, el siglo XIII fue de un desarrollo excepcional: fue el siglo de las ciudades, las universidades y las catedrales góticas; fue la época en que se consolidaron los reinos medievales y se produjo la expansión europea hacia el exterior con las cruzadas. Pero este esplendor duró poco; en el XIV, una profunda crisis se extendió por el continente: peste, hambrunas y guerras.

A partir del siglo XI, se produce un crecimiento de población debido, entre otras causas, al aumento de la producción agrícola y ganadera (mejora de las técnicas, extensión de nuevos cultivos como verduras, frutas.., aumento de tierras cultivables, etc.).

Parte de la población se traslada a los “burgos” o arrabales surgidos en torno a las antiguas ciudades romanas, alrededor de un castillo o monasterio, donde se celebraba un mercado –feria- semanal. Sus habitantes forman una nueva clase social, dedicada al comercio y a la artesanía (burguesía).

Esto provoca el resurgimiento de las ciudades y, con ello, una mayor división del trabajo y el intercambio de productos: el excedente agrícola permite que en la ciudad vivan artesanos especialistas en oficios (albañiles, panaderos, herreros, tejedores...). Aparecen los gremios, asociaciones locales de comerciantes y artesanos de un mismo oficio, dedicados a la defensa de los intereses de sus miembros y a la reglamentación de su trabajo. Cada oficio se organizaba en tres categorías: maestro, dueño del taller y herramientas; oficiales y aprendices, que podían llegar a ser maestros si demostraban el dominio del oficio.

Se produce un desarrollo del comercio a larga distancia, marítimo (Oriente-sedas, especias, y el Báltico) y terrestre, por los valles del Rin y del Ródano. El desarrollo mercantil intensifica la circulación monetaria, surgiendo de la burguesía los cambistas, que se acabarán convirtiendo en banqueros cuando, además de cambiar las diversas monedas de oro y plata, acepten guardar dinero de otras personas y hagan préstamos. Son los comienzos de la banca y de las sociedades mercantiles que se desarrollarán en la Edad Moderna. La mejor expresión del esplendor urbano lo constituyen las catedrales góticas.







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