lunes, 16 de enero de 2017

O Miguel Ángel contra Bernini. O Renacimiento contra Barroco...




Un mismo tema y diferencias más que evidentes, marcadas por el paso de más de 100 años de historia y desarrollo artístico (las obras datan de 1501 y 1623 respectivamente), y acentuadas por la genialidad de dos de los más grandes artistas de todos los tiempos.

Las diferencias entre ambas figuras se hacen extensibles a las dos corrientes citadas, principalmente en la rama de la escultura, aunque también son aplicables a su ideología en general. Mientras que en la obra de Miguel Ángel apreciamos a un hombre sereno, impasible, diseñado casi a imagen y semejanza de las esculturas de la antigua Roma, la de Bernini rebosa movimiento y sentimiento.

Se observa claramente el gesto de esfuerzo de David ejecutando un movimiento acompasado, en el cual todas las partes del cuerpo se ponen a disposición de la acción que pretende realizar. Se trata de una imagen mucho más realista, un paso más allá en la representación.

Dudo que ninguno de nosotros imaginemos a David en la escena bíblica en la que se enfrenta a Goliat de la forma en que lo representó Miguel Ángel. Cuando uno trata de hacerse a la idea piensa en una persona en pleno esfuerzo, dejándose la piel por salir victoriosa. En una situación así no sé si podría existir un momento de absoluta tranquilidad, como da a entender la figura renacentista, de una belleza y armonía que delatan los principales valores del movimiento.

El Barroco, como contrapunto, se aleja de esta espiritualidad para hacer hincapié en la expresividad, manejando formas menos clásicas, aunque aprendiendo del pasado, cosa que queda patente en esta figura (al igual que en todas las demás) en el inmejorable trato dado a la anatomía.






"Historia de David y Goliat"...


"Salió de entre las filas filisteas un guerrero llamado Goliat que medía alrededor de tres metros de altura. Toda su armadura y sus armas eran de bronce: el casco, la coraza
de escamas que pesaba sesenta kilos, las polainas y la lanza que pesaba siete kilos.

Delante de él marchaba el que llevaba su escudo.

Se detuvo frente a las líneas israelitas y gritó: "¿Por qué habéis salido para poneros en orden de batalla? Yo soy filisteo; vosotros, en cambio, sois los servidores de Saúl. Escoged, pues, un hombre que pueda pelear conmigo. Si es más fuerte que yo y me mata, nosotros seremos vuestros esclavos, pero si yo soy más fuerte y lo mato, entonces vosotros seréis nuestros esclavos y nos serviréis." El filisteo se presentaba cada mañana y cada tarde, y lo hizo por espacio de cuarenta días.

David, hijo de un efrateo de Belén de Judá, que también había escuchado al filisteo, preguntó a los que estaban a su lado: "¿Qué es lo que darán al hombre que mate a ese filisteo y quite la afrenta a Israel? Porque ¿quién es ese filisteo incircunciso que insulta así a los batallones del Dios vivo?" Y la gente dijo: "Si alguien mata a este hombre, que así insulta a Israel, el rey le colmará de riquezas, le dará a su hija por esposa y librará de impuestos a la familia de su padre."

Entonces Saúl lo mandó llamar, le puso su equipo de combate: le dio un casco de bronce y una coraza. Después, David se abrochó el cinturón con la espada por sobre la coraza, pero no pudo andar porque no estaba acostumbrado. Y se deshizo de todas estas cosas. Tomó, en cambio, su bastón, escogió en el río cinco piedras lisas y las colocó en su bolsa de pastor. Luego avanzó hacia el filisteo con la honda en la mano.

El filisteo se acercó más y más a David, precedido por el que llevaba su escudo, y cuando lo vio lo despreció porque era un jovencito.

Cuando el filisteo se lanzó contra David, éste metió rápidamente su mano en la bolsa, sacó una piedra y se la tiró con la honda. La piedra alcanzó al filisteo, hundiéndosele en la frente. Éste cayó de bruces al suelo. David, entonces, corrió y se puso de pie encima de su cuerpo, tomó su espada y lo remató cortándole la cabeza. Los filisteos, al ver muerto a su campeón, huyeron. Así, pues, sin otra arma que su honda y una piedra, David derrotó al filisteo y le quitó la vida." (BIBLIA.- Libro de Samuel. 17, 4-50.







Bernini... "Plaza de San Pedro del Vaticano"




Giovanni Lorenzo Bernini, autor de la plaza de San Pedro, nació en Nápoles en 1598 y murió en Roma en 1680.

Arquitecto, escultor, pintor y dibujante, representa destacadamente el Barroco clásico. Hijo del escultor Pietro Bernini, su familia se estableció en Roma en 1604.

Ya era famoso como escultor a los veinte años de edad pero fue en 1629 que fue nombrado arquitecto de San Pedro e ideó el diseño alrededor del obelisco que está en el medio.

La mayor parte de sus edificios más importantes pertenecen a su madurez, principalmente durante el pontificado del papa Alejandro VII (1655 - 1667). Tuvo por clientes a las grandes familias patricias romanas y hasta, aunque sin éxito, al rey de Francia, Luis XIV.

Contribuyó a transformar decisivamente la fisonomía de Roma. Renovó muchos conceptos estilísticos, sobre todo en el orden espacial, apoyado en un especial talento para conseguir efectos ópticos y lumínicos, recurriendo muchas veces al perspectivismo forzado o ilusorio.

Entre sus obras principales destaca la Plaza de San Pedro del Vaticano, enorme recinto oval (integrado en el palacio papal del Vaticano) cuyo axis corre transversalmente, paralelo a la fachada de San Pedro.

Está rodeado por cuatro hileras de columnas exentas -trescientas en total- talladas en travertino romano formando un óvalo de doscientos metros en el axis más largo, marcado por tres monumentos: lateralmente por dos fuentes y en el centro un obelisco egipcio que había servido como poste de giro en las carreras de carros en el antiguo Circo de Nerón. Las columnas son una versión modificada del dórico y tienen una altura de quince metros. La plaza da paso a la Basílica de San Pedro, sede de la iglesia católica y símbolo de su poder. El notable arquitecto diseñó sus suelos, los relieves sobre la puerta central, la estatua de Costantino y la adyacente Scala Regia. La apertura de la Piazza San Pedro delimita la frontera con Roma.

Se dice que la Basílica de San Pedro esta construida, sobre el lugar que la tradición oral de los primeros cristianos, afirmaba murió San Pedro. Los primeros cristianos, cuenta la tradición, erigieron allí una capilla y más tarde el emperador Constantino y su madre Santa Helena, mandaron construir una iglesia, y desde entonces en el mismo lugar se ha ido reedificando, hasta llegar al siglo XV y XVI en el que se construyó la actual Basílica. El tratado de Letrán de 1929 convirtió la ciudad del Vaticano en un Estado independiente, el más pequeño del mundo.


"El éxtasis de Santa Teresa" de Bernini ( II )...



Cuando Bernini esculpió más tarde el "Éxtasis de Santa Teresa" para una capilla de la iglesia romana Santa Maria della Vittoria pretendía por medios similares despertar una emoción más religiosa.

San Ignacio había dado mucha importancia al valor que tiene para un cristiano revivir las experiencias emocionales de la Pasión de Cristo, su Resurrección y Ascensión; y meditar sobre los tormentos del infierno y sobre la felicidad de la comunión con Dios. Bernini, como tantos otros en aquella época, hizo los ejercicios espirituales prescritos por San Ignacio.

La función del grupo de santa Teresa es que la persona arrodillada bajo el altar penetre en la mística experiencia de la santa. Según ella misma, un ángel la visitó armado con un dardo rosado acabado en una punta de llama. El ángel hundió varias veces el dardo en su corazón produciéndole un dolor intenso, pero dejándola al mismo tiempo consumida por el amor de Dios.

Bernini nos ofrece de nuevo una imagen momentánea: el momento en que el ángel levanta el dardo para volverlo a clavar. Pero lo que realmente nos presenta es una visión del hecho. Cuando nos arrodillamos en la capilla el artista ha creado ante nuestros ojos esta visión. De hecho, el grupo escultórico de la santa y el ángel es sólo una parte de la visión total. La santa, esculpida en mármol pulido blanco, cae desvanecida hacia atrás sobre una nube de color más oscuro, mientras los rayos dorados de la iluminación divina se esparcen desde arriba, iluminados por una ventana oculta. En la bóveda superior, los cielos se abren revelando más ángeles.

Y la autenticidad de la visión queda reforzada por la irrupción de la estructura arquitectónica hacia nosotros y por la presencia de las figuras de fieles esculpidas en balcones a cada lado de la capi­lla poco profunda.

Sería una gran exageración definir la capilla como obra típica de la arquitectura barroca; ninguna obra por sí sola puede serlo, y menos una capilla cuyo simple plano rectangular fue un legado de un período anterior. (...) En la capilla de Bernini la escultura, la arquitectura y la pintura se funden y se convierten en una sola cosa, y en lugar de sentirnos intrusos, nos atrae. En este sentido podríamos decir que la arquitectura romana barroca es dinámica como el "David" de Bernini, y que la arquitectura del Renacimiento es estática, aunque tensa y poderosa, como el "David" de Michelangelo.

También podríamos decir que en el Éxtasis de Santa Teresa la escultura asume algunas de las cualidades de la pintura. La situación del grupo dentro de su marco arquitectónico, y la iluminación procedente de la ventana oculta, refuerza la impresión de color que proporciona el dorado y la utilización de mármol de colores. También los ángeles y las nubes pintadas en la bóveda tienen una cierta cualidad escultórica, porque crean la ilusión de una forma tridimensional. (. . .)

Pero, en general, los escultores, pintores y arquitectos trabajaban con medios distintos. El escultor y el pintor quizá deseen ofrecer ilusiones de la realidad similares, pero mientras el escultor puede crear formas tridimensionales visibles con luz real, el pintor sólo puede sugerirlas utilizando el color sobre una superficie plana. Y normalmente el arquitecto es el único que crea espa­cios a través de los cuales podemos movernos realmente.

M.y R.- Mainstone.- El S: XVII. Ed. Gustavo Gili. Barcelona. 1985. Págs. 16-20

"El éxtasis de Santa Teresa" de Bernini ( I )...


Detalles de la imagen "El éxtasis de Santa Teresa", Bernini; 1645-1652.

Capilla: Aunque nos centremos en la imagen protagonista, a su alrededor también hay otras figuras. En las paredes laterales se abren balcones artificiales donde se asoman para ver la escena parte de la familia Cornaro. También en el techo hay pinturas de querubines y grandes trampantojos.

Santa Teresa: Escritora mística que fue beatificada. En sus escritos hablaba de encuentros con Dios, los llamados éxtasis. Relata cómo llegó a ella un ángel que le clavó una flecha en el corazón, simbolizando el amor divino.

Rayos: Los rayos que vemos detrás son realizados en bronce y simbolizan como una gloria divina, ya que parten de una luz cenital que hay encima del grupo escultórico.

Barroco: En el Barroco, la unión de teatro, espiritualidad y escultura es un rasgo significativo que se ve a la perfección en este grupo escultórico. Así se ve en la cara de la santa, en éxtasis, ante la llegada del ángel.

Daga: La flecha se va a clavar en el corazón de la santa. Es el instante justo anterior, recalcando el dramatismo y escenografía de la situación.

Tela: Otro rasgo significativo del Barroco es el movimiento, que aquí se ve en las telas que revolotean. Es un escenario con gran dinamismo, fruto de la situación que se está viviendo y del estado anímico de la santa.

Vídeo: SANTA TERESA.G.L.BERNINI. La obra maestra en la capilla Cornaro, a la izquierda del altar, es el Éxtasis de santa Teresa del escultor favorito de Scipione, Gian Lorenzo Bernini. La estatua representa un momento descrito por santa Teresa de Jesús en su autobiografía, cuando tuvo la vívida visión de un ángel perforando su corazón con una flecha de oro, causándole una inmensa alegría y dolor. Las ropas flotantes y la postura contorsionada abandonan la restricción y el reposo clásicos para representar un trance más apasionado, casi voluptuoso.

Bernini, el escultor del Barroco Italiano...


Nacido en Nápoles en 1598, hijo del también escultor Pietro Bernini, pronto empezó a trabajar para el cardenal Scipione Borghese, quien le convirtió en su protegido.

De ésta primera época son las obras "Cabra amaltea" (1615), "Eneas y Anchises" (1618-19) y "Neptuno y Tritón" (1620) de claro estilo manierista por influencia de su padre. Por encargo del cardenal realiza "El rapto de Proserpina" (1621-2), "David" (1623) y "Apolo y Dafne" (1622-24), obras caracterizadas por una evolución de su estilo hacia la caracterización psicológica de los personajes, que esculpe repletos de fuerza interior, y la delicadeza de los acabados.

Su estilo bebe de fuentes diversas, como Miguel Angel, el clasicismo greco-romano, el naturalismo de Caravaggio o el tratamiento de los rasgos corporales de Guido Reni. Su básica innovación consiste en acercar al espectador a la obra, haciendo a éste partícipe de la acción, rompiendo las fronteras tradicionales de la obra de arte. Es por ello considerado como uno de los creadores del Barroco.

Las mejores muestras de su hacer son el “Extasis de Santa Teresa” y las tumbas de Urbano VIII y Alejandro VII en el Vaticano. También trabajó para Luis XIV, para quien realizó un excelente busto, si bien no intervino en la modificación del diseño del Louvre como inicialmente estaba previsto. Falleció en 1680.








jueves, 12 de enero de 2017

Escultura Barroca en España...




En España la escultura barroca tiene sus propias peculiaridades que la diferencian del resto del mundo. Se caracteriza por el uso prioritario de la madera policromada, que se conocerá como imaginería. La escultura está al servicio de la Contrarreforma. Busca la sensibilidad popular, la expresividad, que se manifiesta en los pasos de Semana Santa. La religiosidad trasciende a la calle y comienzan a popularizarse las procesiones. La necesidad de sacar las figuras a la calle supone que deben ser de bulto redondo y, en general, de cuerpo completo, o al menos que se puedan vestir. Su mayor realismo la aleja del gusto italiano, las obras se realizan para ser objeto de la devoción popular.

Apenas existe escultura civil, incluso la funeraria está en decadencia. Los escultores trabajan para gremios y cofradías de carácter religioso. Los temas son religiosos, se representa ante todo la pasión de Cristo y la Virgen. En España encontramos dos centros principales: la escuela castellana y la escuela andaluza.

En Castilla encontramos dos centros Madrid y Valladolid. Gregorio Fernández, fue uno de los imagineros más representativos, tanto por su expresionismo, como por su patetismo y su carga dramática, en el que refleja un hondo sentimiento religioso y un profundo naturalismo. Tratará de despertar la piedad popular a través de la visión de figuras descarnadas. Presta gran atención a la representación del cuerpo humano. Fue el creador de los tipos iconográficos más característicos, como el Cristo yacente, el crucificado o la piedad. Realiza obras como el Cristo yacente, paso del Descendimiento y la Piedad.

En Andalucía también encontramos dos centros: Sevilla y Granada. Su imaginería tiene un carácter más íntimo, de recogimiento interior, y un lenguaje más clásico. Las figuras tienden a tener un aspecto infantil, y una expresión más melancólica y mística que trágica. Las tallas son de un gran virtuosismo técnico. Trabajan aquí escultores como Montañés o Alonso Cano, que se caracterizan por su idealismo figurativo y sus vírgenes niñas.

En Sevilla trabajó Juan Martínez Montañés, muestra en sus figuras una tendencia al equilibrio y la serenidad. Crea los tipos de la Inmaculada y los crucificados, más humanos. Obras suyas son: el Cristo de la Clemencia, Inmaculada de santa Clara, San Ignacio y Jesús de la Pasión. Discípulo de Montañés fue Juan de Mesa: Jesús del Gran Poder, Cristo de la Buena Muerte. Tiene una cierta tendencia al patetismo.

En el siglo XVIII podemos considerar otra escuela en Murcia, en la que destaca Francisco Salzillo, caracterizado por sus figuras delicadas y su gusto rococó. Crea pasos en grupo, conjuntos con varias figuras. No sólo hace pasos de Semana Santa sino también belenes. Sus figuras están llenas de movimiento y poseen una delicadeza femenina. Entre sus obras destacan la Virgen de la leche, el paso de la Oración del huerto y sus belenes.


"Alatriste"... Una gran historia de aventuras ambientada en la España del siglo XVII...


En la España Imperial del siglo XVII, Diego Alatriste (Viggo Mortensen), valeroso soldado al servicio de su majestad, combate en una guerra en las frías tierras de Flandes.

En una emboscada de los holandeses, Balboa, amigo y compañero de armas, cae herido de muerte. Alatriste escucha de los labios de su amigo una última petición y promete cumplirla: cuidará de su hijo Íñigo y le alejará del oficio de soldado.

A su regreso a Madrid, Alatriste se encuentra con un imperio moribundo. La misma España en la que Quevedo y Góngora escriben sus versos, Velázquez pinta sus cuadros, y Lope de Vega estrena sus comedias, se desmorona ante la impasibilidad de su Rey.

La corte de Felipe IV, dominada por las intrigas y la corrupción, es manejada a su antojo por el Conde Duque de Olivares (Javier Cámara), con el apoyo de la Santa Inquisición. El propio Alatriste, que malvive vendiendo su espada, se verá implicado en una de estas intrigas cuando es contratado junto a otro mercenario, el italiano Gualterio Malatesta (Enrico Lo Verso), para dar muerte a dos misteriosos personajes que viajan de incógnito a Madrid.

El destino de Alatriste quedará marcado cuando, intuyendo algo turbio en el siniestro encargo, decide perdonar la vida a los dos extranjeros y enfrentarse a un Malatesta que pretendía terminar el trabajo. Esa noche se ganará un enemigo para toda la vida. Cuando Alatriste descubre a quién ha salvado la vida, entiende que tendrá que enfrentarse a fuerzas demasiado poderosas para combatirlas con la espada.
Pero no estará solo, la bellísima María de Castro (Ariadna Gil), sus inseparables compañeros en el campo de batalla y sobre todo Íñigo (Unax Ugalde), ahora casi un hijo para él, serán el apoyo incondicional del Capitán y personajes claves de esta gran historia de aventuras.

 Vídeo: Alatriste (Trailer español).

 

miércoles, 11 de enero de 2017

Y con la llegada del siglo XVII... Luis XIV, "El Rey Sol"...



José Manuel Hernández Guzmán (Profesor de Derecho Constitucional).

Martes, 13 de marzo de 2001.


Al comienzo de la velada, Fouquet estaba en la cima del mundo. Cuando la fiesta llegó a su fin, había caído en un abismo. Voltaire, 1694-1778.

Nicolás Fouquet, el ministro de Finanzas de Luis XIV durante los primeros años del reinado de éste, era un hombre generoso, amante de las fiestas opulentas, las mujeres bonitas y la poesía. También amaba el dinero, dado que llevaba un estilo de vida bastante extravagante. Fouquet era muy hábil y, en gran medida, un colaborador indispensable para el rey; por lo tanto, a la muerte del primer ministro Jules Mazarin, en 1661, el ministro de Finanzas esperaba ser designado su sucesor. El rey, en cambio, decidió suprimir ese cargo. Éstas y otras actitudes llevaron a Fouquet a sospechar que estaba cayendo en desgracia y, por lo tanto, decidió congraciarse con el rey organizando la fiesta más espectacular jamás vista. El motivo oficial de la fiesta era celebrar la inauguración del castillo de Fouquet Vaux-le-Vicomte, pero su objetivo real era homenajear al rey, invitado de honor del agasajo.

Los más notables representantes de la nobleza europea y algunas de las mentes más brillantes de la época -La Fontaine, La Rochefoucauld, madame de Sévigné- asistieron a la fiesta. Moliére escribió una obra teatral para la ocasión, en la cual él mismo actuaría, sobre el final de la velada. La fiesta comenzó con una opulenta cena de siete platos, en la que se sirvieron especialidades de Oriente nunca antes probadas en Francia, así como nuevos platos especialmente creados para la ocasión. La cena fue acompañada por música compuesta por expreso encargo de Fouquet en honor al rey.

Al día siguiente, Fouquet fue arrestado por el jefe de los mosqueteros del rey, D'Artagnan. Tres meses más tarde, fue juzgado por desfalco al Tesoro Nacional. (En realidad, la mayor parte de los fondos, de cuyo robo se lo acusó, habían sido sustraídos para la Corona y aprobados por el rey.) Fouquet fue hallado culpable y enviado a la prisión más remota de Francia, en lo alto de Los Pirineos, donde pasó los últimos veinte años de su vida en solitaria reclusión.

Luis XIV, el Rey Sol, era un hombre orgulloso y arrogante que deseaba ser siempre el centro de atención. No soportaba que nadie lo superase en inteligencia, en astucia, en elocuencia y mucho menos ser opacado por su “ministro” de Finanzas.
El sucesor de Fouquet, Jean-Baptiste Colbert, se aseguró que cuanto fondo líquido hubiese en el Tesoro fuese a parar directamente a manos del rey. Con estos dineros, Luis XIV construyó un palacio aún más espléndido que el de Fouquet: el célebre palacio de Versailles. Empleó a los mismos arquitectos, decoradores y paisajistas que construyeron el palacio de su ex ministro de Finanzas. Y en Versailles, Luis XIV celebró fiestas aún más extravagantes que aquella que costó a Fouquet su libertad.

Fouquet en lugar de halagar a Luis XIV con la elaborada fiesta, ofendió la vanidad personal del soberano. Por supuesto, Luis XIV no iba a admitir semejante cosa de modo que encontró en cambio, una excusa conveniente ara librarse del hombre que, sin darse cuenta, lo había hecho sentirse inseguro.

Este es el destino que corren, con sus variantes de personajes forma y tiempo, aquellos que desequilibran la autoestima del cacique, hieren su vanidad o le hacen dudar de su preeminencia. Claro está que cualquier símil o comparación con alguna gracia en esta tierra de gracias es pura casualidad.



Época del Barroco: siglo XVII...




Es dudoso el origen de la palabra barroco. Algunas teorías hacen derivar el término de la palabra portuguesa barocco (que en castellano sería barrueco) que significa "perla irregular con deformaciones". Esta es la opinión más extendida, pero también se ha dicho que puede proceder del dialecto florentino en su voz barochio, con el significado de engaño. Otras fuentes aseguran que viene del francés y que se refiere a una figura del silogismo.

El concepto de barroco aparece en la Historia del Arte en el siglo XVIII. Sus creadores fueron los teóricos del Neoclasicismo que adoptaron el término con un sentido peyorativo; para ellos este arte y forma de pensamiento era pura extravagancia con una carencia total de lógica. Pero más tarde, en el siglo XX, tras la Primera Guerra Mundial, una serie de estudiosos del tema demostraron y pusieron de manifiesto el carácter coherente y lúcido del barroco.

Se trata de un estilo complejo, que no es sino la consecuencia de una época de crisis, en la historia de Europa sobre todo. Expresa el estado de ánimo del hombre del siglo XVII; sus manifestaciones estéticas son fruto de la sensibilidad de una época que tiende a lo emotivo y a lo desbordante. En este sentido, está bastante cerca del pensamiento romántico; en ambos periodos se da la exaltación de los sentimientos. Su existencia arranca del Renacimiento, pero desde el principio posee un carácter muy diferente. El centro de formación fue Roma y desde allí se extendió por toda Italia y después pasó al resto de Europa.

Según las circunstancias socioeconómicas, políticas o religiosas que impulsan su desarrollo se puede distinguir:

Barroco cortesano y católico, que fue el instrumento de propaganda de la Iglesia de la Contrarreforma y del Estado absoluto. Ambos estamentos fueron grandes mecenas del arte barroco y se sirvieron de él para la propagación de la fe católica. Se dio sobre todo en Italia, Francia, Alemania y España.

Barroco burgués y protestante, naturalista y laico, que se dio en Inglaterra y Holanda. El protestantismo aconsejaba austeridad y sencillez arquitectónica, características ambas que se dan en el arte barroco impulsado por la reforma protestante.





martes, 10 de enero de 2017

El Greco, forma y espíritu...

El Greco es el nombre por el que popularmente se conoce a Doménikos Theotokópoulos, uno de los artistas que mejor supo entender y desarrollar el Manierismo. Nació en 1541 en la localidad de Candía, actual Heraklion, capital de la isla de Creta, que en aquel momento era posesión de la Serenísima República de Venecia. 

Los Theotokopoulos pertenecían con toda probabilidad a la colonia católica de Candía, recibiendo el joven Doménikos una acertada y amplia formación humanística. Artísticamente parece probable que se formara en el taller de un pintor de iconos llamado Juan Gripiotis, aunque parece tener también contacto con Georgios Klontzas, el mejor pintor cretense del momento.

Pero, veamos el vídeo y sigamos conociendo la biografía del pintor...

El Greco: "El Entierro del Señor de Orgaz"...



"El Entierro del Señor de Orgaz" es un óleo sobre tela de 4,80 x 3,60 metros , pintado entre 1586 y 1588, de estilo Renacentista (manierista), obra de un pintor griego llamado Domenikos Theotokopoulos, conocido por El Greco, que se conserva en la Iglesia de Santo Tomé en Toledo y en él se representa el milagro que en 1323 ocurrió en aquella iglesia cuando se iba a enterrar a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz: en ese momento bajan del cielo San Agustín (con la mitra porque era Obispo) y San Esteban el otro que coge su cuerpo y lo entierran ellos mismos con sus propias manos (asisten también San Francisco con hábito gris y San Benito con hábito negro de monje encapuchado) debido a la fama de piadoso y caritativo que este noble tenía en Toledo tal cual su título indica. Aunque se le ha llamado Conde Orgaz no era conde; el condado de Orgaz no se constituyo hasta el siglo XVI.

El origen del cuadro es un encargo del párroco de dicha Iglesia a El Greco para con esta pintura recordar de una manera más directa al fiel la necesidad de la caridad para lograr la salvación. El cuadro en sí es una catequésis.

Este gran cuadro es de estilo manierista (estilo artístico difundido por Europa en casi la segunda mitad siglo XVI, caracterizado por la expresividad y la artificiosidad) y está dividido en dos grandes zonas, por un lado en la parte alta se observa una zona celestial en donde aparecen Cristo, la Virgen, ángeles, santos y otros personajes ya fallecidos.

En la parte inferior, la terrenal, se representa un entierro rodeado de personajes, unos eclesiásticos y otros civiles. Ambas zonas tienen una luz diáfana que no procede de un punto concreto ( luz artificial usada a criterio del autor; típico del manierismo), es decir, no se han tenido en cuenta las antorchas pintadas como procedencia de la luz del cuadro, si no, habrían habido contrastes entre luces y sombras en función de la ubicación de las antorchas.

Se podría decir que el Renacimiento es la plasmación a través de la belleza y la explosión de colores (sobre todo en la escuela veneciana: Tintoretto, Tiziano), de los modelos clásicos de acuerdo con la nueva mentalidad del hombre moderno y cristiano que ya no necesita una interpretación eclesiástica de la realidad, el pensamiento y la conciencia. Es un arte que es una recreación del espíritu. Concretamente el Cinquecento se ubica en la ciudad de Roma donde todo el arte es religioso bajo el mecenazgo de los Papas (Julio II, Leon X y Clemente VII).

El Renacimiento de los patrones y modelos (arquitectura, pintura, escultura...) no es un hecho aislado y desvinculado sino que forma parte de los cambios políticos (Monarquía Autoritaria y Estado Moderno), económicos (comienza el Capitalismo), sociales y urbanos (afianzamiento de la burguesía). Se consagra al hombre y la naturaleza (sobre todo en la pintura) combinandolos de forma real y dando volúmen (buena anatomía a los cuerpos humanos).

El Greco concebía este cuadro como una creación de su mente no como "un retrato de lo que debió pasar", es decir, impera su creatividad y no la realidad. Aunque representa un milagro del siglo IV está situado en el Toledo de su época se cree para ganarse la simpatía de la ciudad (se empadronó dos años más tarde) y obtener encargos de cuadros de donde vivir pintando. Es característico de su estilo el alargamiento de las figuras, el horror a los espacios vacíos, el contraste lumínico y el colorido acentuado.

También resaltan lo alargadas que son las figuras humanas (sigue un canon según el cual a la cabeza le corresponde una décima parte de todo el cuerpo) y en sí el cuadro que es mucho más alto que ancho porque El Greco con los manieristas postulaban que el cuerpo humano no puede medirse objetivamente sino que intenta estilizar bellamente las formas alargandolas en muchos de sus cuadros (concretamente las manos estilizadísimas en este, los cuerpos y sobre todo las caras).

Dispone a los personajes y al cuadro en altura y no en la acostumbrada horizontalidad teatral y renunciando a los fondos y escenarios arquitectónicos enormes llenos de pórticos y columnas para lograr profundidad y perspectiva y suprimiendo aludir a tiempo y lugar como también haría en "El Expolio".






Destaca en el cuadro: Los aristócratas asistentes al entierro son caras reales de señores nobles del Toledo de la época.


La cara real del cura que oficia es la del que le encargó este cuadro (totalmente a la derecha con estola).
La de su hijo señalando la escena principal y la de su padre (del pintor) son las únicas caras de todo el cuadro que miran de frente al espectador.

A la vírgen la coloca en el medio de la zona celestial como "medianera" entre la multitud de santos y Jesucrito para apoyar la contrareforma católica contra la herejía protestante que postulaba que la vírgen no tenía un papel medianero entre la humanidad y Dios.

El cuadro tiene forma asemajada a los iconos del arte sacro para indicar el desapego a lo terrenal.Los cuerpos terrenales muy anatómicamente logrados ( muy "miguelangelesco").

Explosión de color para resaltar la zona celestial mientras que en la terrenal predomina el contraste negro/blanco con las escepciones de los ropajes de los seres celestes en zona terrenal (incluido el fallecido porque también va al cielo). Con ello acentúa el dramastismo del cuadro.

En la zona celestial se aprecia la poca frencuencia de la linea sustituída por las pinceladas y formas de color mientras que sobre todo en las caras las lineas definen todo.Un afán por llenar todo el lienzo que hasta da la sensación de apretujarse.

En la actualidad se conserva justo encima de la tumba del Señor de Orgaz en Toledo.



Vídeo: Trailer, "El Greco"

Corre el año 1566. Tras huir de la ocupación veneciana de Creta, su isla natal, el pintor Domenicos Theotocopoulos, más conocido universalmente como El Greco, llega a Venecia y comienza a trabajar ...



lunes, 9 de enero de 2017

El Escorial y El Greco - El Greco y el Escorial...

Felipe II se encargó personalmente de supervisar las obras y equipar el Monasterio de El Escorial. Muchas de las pinturas elegidas por él exaltan los sacramentos más atacados por el protestantismo, como el de la Confesión y el de la Eucaristía; así como también la figura de la Virgen, relegada por los protestantes. En resumen, el Monasterio de El Escorial es un edificio que ejemplifica las aspiraciones del Concilio de Trento, que vino a ser la respuesta católica a la Reforma Protestante.

Vamos a detenernos en una de estas reliquias... la de San Mauricio, que se encuentra separada en uno de los altares principales.

El interés de Felipe II por este santo se basa en que Felipe II era el gran maestre de la orden del Toisón de Oro. Uno de los fines de esta orden era defender la fe, y su “titularidad” estaba en los Habsburgos (los Austrias) españoles.

Felipe II encargó el retablo de la capilla de San Mauricio a El Greco. El cuadro fue entregado en 1583, pero nunca se puso en la capilla a la que estaba destinado, por el contrario se encargó otro cuadro del mismo tema a Romulo Cincinnato, que estaba trabajando en El Escorial desde 1567. Sigüenza, un cronista de la época señalaba:

Cincinnato era poco original, sin embargo su Martirio de San Mauricio era harto alegre y bien tratado … [el rechazo del cuadro del Greco por parte del Rey se debió a que] no le contentó a su Majestad (no es mucho) porque [El Greco] contenta a pocos, aunque dicen que es de mucho arte, y que su autor sabe mucho y se ven cosas excelentes de sus manos”.

Según Osten, en el cuadro de Cincinnato, las ejecuciones se encuentran en primer término de forma drástica y patética A su vez, las lanzas, la espada, la luz, la palma del martirio, el dedo índice etc., establecen unas relaciones que explican bien el martirio y sus consecuencias, sin embargo, hay una falta de claridad en la relación de los hechos. En el cuadro de El Greco, la escena principal representa una idea abstracta, la de una decisión consciente y libre de aceptación del martirio, mientras que las ejecuciones y los movimientos de masas se dan dentro de una cierta lógica realista, pero se sitúan al fondo.

Osten concluye:

“En comparación con el cuadro de Cincinnato, el del Greco era más consecuente y más claro en la composición y en la representación del desarrollo de los hechos. Pero era menos patético, menos evidente, y por tanto no podía satisfacer en la misma medida que el cuadro de Cincinnato la exigencia de un arte didáctico discursivo que inspirara piedad y profundo respeto [por la ética el martirio]…”.

El Renacimiento en España (II)...




El Renacimiento en España tarda en penetrar desde Italia, especialmente por la fuerza que el gótico final isabelino tiene en nuestras tierras.




En el siglo largo que recorre la arquitectura renacentista en España se sucederán las corrientes estilísticas, en especial el plateresco y sobre todo, en el tramo final el grave y austero herreriano, que incluso llegará a fundirse con el primer barroco español de comienzos del siglos XVI.

La arquitectura plateresca corresponde a la primera mitad del siglo XVI en el contexto de una arte oficial dominado por la poderosa monarquía de los Reyes Católicos primero y de Carlos V después. En él se combinan estructuras arquitectónicas del gótico final flamígero o isabelino con elementos decorativos venidos de Italia, que además incorpora elementos mudéjares.

Las características decorativas del plateresco es la profusión de filigrana de piedra (de ahí su nombre, pues imita el trabajo de los orfebres) a base de medallones, los frontones y enjutas, los entablamentos y basamentos, los grutescos, los festones, las columnas balaustradas, todo ello decorando las fachadas de los edificios, que sin embargo tiene la típica estructura gótica de pilares fasciculados soportando bóvedas de crucería compleja.
El plateresco castellano es especialmente abundante en ciudades como Toledo, Valladolid o Salamanca.

Sobresale especialmente la archiconocida fachada de la Universidad, de autor desconocido, constituida como un paño decorativo, independiente del edificio, donde los temas decorativos, de flores, medallones, escudos y grutescos, ofrecen un inusitado ritmo.


Vídeo: viajemos por la ciudad de Salamanca, "País Leonés Sur".



Pero veamos poco a poco la Universidad de Salamanca.


Como decíamos…




De autor anónimo, construida entre 1529 y 1533 la fachada, en la calle Libreros, es uno de los más grandiosos y mejor conservados monumentos del estilo plateresco (variante dentro del Renacimiento). Se debe a una merced de los Reyes Católicos, aunque se construyó después de su muerte, en 1534. Su recuerdo ha quedado perpetuado en un medallón que se encuentra en el primer cuerpo, en el que están sus bustos tallados.


En la parte inferior se puede leer "Fernandino - Elisabeta", y en la parte alta, en griego, "Los Reyes a la Academia, y esta a los Reyes". Parece un tapiz labrado en piedra de Villamayor (piedra caliza de gran calidad plástica y finura) que se levanta sobre una doble entrada.


La fachada está llena de escudos, medallones, figuras de héroes y personajes de todo tipo, constituyendo un auténtico cuadro en el que el espectador puede pasar horas interpretando su exuberante contenido.


En resumen, en esta fachada predominan filigranas y relieves que recuerdan a las labores de los artesanos de la plata y de ahí lo de plateresco. Sobre las dos arcadas de la fachada, ésta se divide en tres cuerpos: en el primero, aparece un medallón con los Reyes Católicos, una inscripción en griego que reza " Los reyes a la Universidad, y ésta a los reyes", en el central, El escudo imperial de Carlos V y en el superior, la figura del Papa con dos cardenales.

Se caracteriza la talla plateresca porque aumenta de tamaño a medida que gana altura, con el fin de provocar un efecto visual más real. Es popular entre los estudiantes una "rana" tallada en la fachada, que en realidad es un sapo, símbolo del pecado.

Tras las puertas de esta antigua universidad, un zaguán o vestíbulo y un corto pasillo, ambos de techumbre góticas nos lleva al claustro de dos pisos siendo original sólo el lado occidental, y los otros remodelados en 1.879.

Las aulas que se distribuyen en torno a él llevan el nombre de algunas personas insignes que pasaron por
esta universidad. Destacan también la capilla en donde se encuentra el sepulcro de Fray Luis de León; en el cuadro central figura el juramento hecho por el claustro de profesores del misterio de la inmaculada Concepción, tras la creación del Estudio General por el rey Alfonso IX en 1.218.

En el piso superior, tras una reja renacentista, se encuentra la espléndida biblioteca que alberga en sus estanterías barrocas importantes manuscritos e incunables del s. XI al XIV y unos 40.000 libros editados entre el s. XVI al XVIII.

El Papa Alejandro IV definió a la Universidad de Salamanca "una de las cuatro lumbreras del mundo".

Tal vez sea este el monumento que mejor simboliza la inmortalidad de Salamanca y la une más a las letras y las artes habiendo hecho pasar por ella a insignes personalidades tales como Fray Luis de León, Nebrija, Francisco Vitoria, Cervantes, Menéndez Valdés, S. Juan de la Cruz, Miguel de Unamuno, Torrente Ballester...


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